Ese zumbido golpea mi frente. Otros ruidos acompañan mi silencio. He llegado a este punto. Cerraría para siempre. La decepción duele. Crece por momentos. No me aguanto dentro. Mi cuerpo se resiente. He tenido unos días de cansancio que me han dejado sin resuello.
¿Cómo es posible que las frustraciones dañen tanto?
Altibajos que se resienten en un cuerpo que siente el dolor de la mitad cefálica y que incluso el maxilar manifiesta.
Todos estos días, al caer la tarde, avanza sobre mi débil carne la migraña que anula.
Desmoralizada, a momentos, busco uno u otro entretenimiento.
Escribirlo, ¿para qué?
No encuentro ya razones para seguir. Sin embargo no paro en lanzar sobre el teclado las pulsiones que, a pesar de sentirse en la nada más absoluta, me reclaman.
No diré todo lo que pienso, porque al tiempo no lo pienso, ni siquiera lo siento.
No sé realmente que hago perdiendo por aquí el tiempo.
Hay días que las luces se confabulan para cerrarse en círculo y eludirme.
Otros parece que la esperanza apunta a la alegre serenata apaciguadora que del alma fluye.
Irregulares maneras.
No es baladí, hay un proceso de duelo en todo lo que se pierde, y yo perdí.
Me muevo por rincones supuestos que para nada me reconocen.
Muy temprano pensé en lo que nos trae a escribir. Mi conclusión no fue buena. Es un grupúsculo que entre fantasmales formas creemos forma parte de un vivir.
Sin embargo no encuentro otra opción para mi mal vivir.
Vengo apuntando sobre las teclas lo que dicta una mente oclusa que se impone en este momento.
Me cuesta seguir el tiempo. Lo quemo en esto.
No tengo ganas de nada. De nada en absoluto.
Hecho de menos cosas que no he tenido y pienso, con esa mente que fabula, he tenido alguna vez.
Falsamente he recreado en mi mente supuestos que no son otra que la fantasía en la que sé muy bien nunca viví.
Textos tan magros harán pensar, de manera equívoca sobre mi persona. La oscura se manifiesta en esta tarde fría en que el cuerpo sufre la batida de algún virus que provoca alucinada zozobra y si no duermes te entretienes resiguiendo en los bucles el aleteo de esta mariposa que inspira un pensamiento, aunque éste no sea más que mal agorero.
La cuestión es hacer salir esa bilis que entretiene el vacío de las horas de ese tiempo intempestivo que de pasado se forma.
Tu texto así es, no lo puedes contener.
Después, inevitablemente, lo expones a los ojos de otras mentes para que de alguna digan o no, para alejarlo de tu lado como si de una lavativa se tratara. Los poros abiertos a un aire viciado no pueden hacer aún más daño que el que trae el silencio pactado, no explicitado.
Derramas la mala sangre extraída por sabandijas que colocas en cada espacio del alma recalando en una posible cura. Falsamente deseada.
Te bañas en tu detritus como una masoquista sierpe.
Te gusta lo más pudente.
Ya sé que es un oscuro texto que a nadie entretiene. Es el de este momento. El que oculta todo lo que ni el pensamiento osa apuntar en mi mente.
Quería escribir lo que no diría. ¡Aquí viene!
No hago texto complaciente. De mis letras no lo esperes.