Estaba este verano escribiendo un relato en uno de mis blogs. Se puso en marcha el proceso narrativo/creativo de forma espontanea tras las lecturas de unos y otros artículos y comentarios en aquellos blogs que visitaba casi a diario.
Había enganchado la frase que se me desvelaba al vuelo. Estaba cn los dedos siguiendo sus movimientos, escribiendo y al querer enviar el texto hice lo que suelo hacer, pero a medias. Seleccioné y creí que había optado por copiar. Mi sorpresa y decepción fueron cuando al querer recuperar el texto se copió una copia previa que nada tenía que ver con ésta. Casi nunca falla pero en ese momento falló el sistema y mi sistema de seguridad sufrió de error humano, mi error.
Volví a mi casa frustrada. Hablé con mi amiga, por el camino, y poco a poco resurgió en mi memoria. Cuando llegué a casa cogí papel y lápiz y lo escribí.
A VECES LO REAL ES IRREAL
Cada día y, desde la calle, miraba, observaba, hacía su ventana . Seguía todos los movimientos, todos los indicios que pudieran indicar su presencia. Persianas en una u otra posición, luces en unas u otras estancias, indicios al fin y al cabo de que estuviera en casa.
No sabía si era o quien era. Desconocía si se trataba de uno o de una, ni joven o mayor y tan siquiera reconocía si era de una u otra etnia.
Sabía tan poca cosa y sin embargo, aquel verano cada día paseaba, tras muchos rodeos, delante de aquella casa y se paraba un rato, poco pués temía ser sorprendida. Disimulando.
Cuando, por la noche, volvía a su lecho y se disponía a entrar en los brazos de la luna en su dulce sueño venía a su mente este recorrido y se decía a sí misma que al día siguiente buscaria formas y maneras para comunicarse, dejar una nota o lo que fuese. Sin embargo cada día fue lo mismo.
Cuando de mañana salió de su casa y seguía sus pasos, como siempre, en la calle para ella no hay gente, aunque sí físicamente, no lo eran emocionalemnte. Había quien saludaba, quien reía, quien corría, quien reñia.
Ella seguía sus pasos. Tomaba un café, leía su periódico, de atrás a delante. Pensaba en lo que leía, en lo que se decía y en lo que se omitía. Divagaba, a veces, sobre los problemas que allí se recogían.
Un día había sucedido algo extraordinario, por lo distinto. En una ojeada a la calle se encontró con la mirada, su mirada. Cuando regresó del instante y quiso corroborarlo ya no había nadie. Pagó su café y salió a su alcance. El silbo del viento señales le daba. Siguió sin sberlo la huella marcada y ésta le llevaba a aquel portal que con puerta cerrada ya nada le daba.
Y así, cada día, buscó nuevas pistas hasta que sin saber cómo situó su objeto y de allí fue que mirara insistentemente aunque de corrido a esas ventanas.
Sucedió otro día, cuando ya agosto acababa, que del otro lado de la calle ella le llamaba. Reconoció esos ojos que como desde un espejo a ella la miraban, y supo que era, quien ella con tanta ansia esperaba ahora estaba a su alcance. No se lo pensó mucho. Cruzada la calle diole la mano y las dos juntas así se encontraron.
Esos ojos, esa sonrisa. Sus propios ojos, su sonrisa.
Se dejó llevar, la otra conducía sus pasos.
Reían por todo. Sentía alegría.
Llegaron a la casa, entraron al portal y en nuevo espacio ella supo estar. No hubo preguntas, no hubo silencios. Se dejó llevar.
Cuando en la mañana despierta en su cama mira a todas parte, se lebanta, se ducha y de pronto en sus mivimientos cotidianos algo no va. En la cocina hay un calendario con julio y agosto sin arrancar. Queda sorprendida, algo no va. Será un descuido o lo ha olvidado. Mueve la cabeza y quita importancia.
Sale a la calle, entercambia saludos, buenos días, hola que tal, con quienes se cruzan y a quienes conoce. Compra su diario y observa la fecha, no es cierto, algo no va bien, no puede ser. Es fechado en julio. Perpleja lo mira, no da crédito a sus ojos. En el desconcierto mira a un lado y otro. Observa la calle, la gente se mueve como si tal cosa, pero de pronto alguien la está mirando, lo nota a su espalda, se gira. Es ella. Recuerda las cosas pero pero se siente inquieta, confusa.
-Si hoy empiezo el verano, si esa mirada me lleva al encuentro, es que acaso fue un sueño.
Decidida corre, la llama. Sigue sus pasos, ya la otra gira y sorprendida se encuentran. Queda quieta, no puede articular palabra, no se mueve ni pestañea. Está como petrificada, imagen congelada (en pausa).
Observa, se observa, como en secuencia cinematográfica. La otra alarga su mano y coge la suya y sin voluntad se deja llevar.
Este texto parte de la idea de comunicación a través de los blogs.
Lo que se denomina como casa de hecho es el blog que encuentras en el callejear que supone entrar a través de los diferentes links.
Se juega con la idea del ‘dejà vu’, aquello que reconocemos como antes vivido. Recurso de un cuento de Borges, y ampliado con filmografía diversa.