Saturday, September 30, 2006

Iceta compañero para una hechicera

Iceta es un animalillo muy inquieto.

Su destino se ha unido al de Aurea. Ella no le hace muchas carantoñas pero tampoco le es indiferente.

Cuando en la noche todo el grupo duerme Aurea queda en espera de ese silencio para pensar y recordar que le trajo a ese lugar. Iceta en un rincón enroscada se hace la dormida, en ese momento nadie la reconocería ya que durante el día es tan movida que a todo el mundo le molesta y la apartan de su lado.

Aurea se acuerda de aquellos sueños que dejó aparcados con el tiempo y la crianza de los hijos. Recuerda que hubo un tiempo en que tuvo un compañero y una sensación punzante le atraviesa el útero. Añora caricias y besos…

Se sienta sobre sus rodillas y acaricia su pecho. Algo cálido se abre paso en sus entrañas, el deseo. Su lengua moja el labio superior y nota su fría tersura. Sus manos expertas recorren los sensibles recovecos de su cuerpo.

Algo se dispara y entra en trance. Iceta la mira desde su rincón, sus ojillos brillan en la oscuridad.

Cuando Aurea, relajada, se duerme Iceta se acerca y se enrosca a sus pies.

La noche transcurre con el ulular de las bestias del bosque y el gorgoteo del agua.

 

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Friday, September 29, 2006

Me he quedado con el personaje, Aurea

Aurea volvió de su sueño y salió llena de luz. Sus hijos esperaban que ella despertara, llevaban siete días sin poderla ver. Ella se había ido triste y ahora resplandecía.

Sus cabellos largos recorrían su espalda y su tez se veía rejuvenecida. No salían de su asombro, ¿qué pudo suceder en esos días de ausencia?

Lo más sorprendente fue que Aurea pasó a su lado con la indiferencia de un extraño.

Cogió sus cosas en un hatillo y marchó.

A su paso la gente se asombraba y admiraba.

Se perdió en las calles de la gran ciudad como una más de sus habitantes.

Las calles le llevaron más allá. Vio el mar a su derecha y siguió su camino. Ya las calles se perdieron en la distancia y Aurea encontró su camino. si alguien la hubiera visto habría dicho que había desaparecido.

De nuevo en el poblado de la gran cascada.

Aurea aprendiza de hechicera al servicio de la gran diosa.

Iceta la seguía en todos sus pasos.

Iceta era un animalillo que se destacaba por su fiereza y sin embargo era sumiso a los pies de Aurea tal cual un gatito.

Habitaban una cueva y en ella se acumulaban ungüentos y amuletos. 

La hechicera la había tomado a su cuidado. Se hacía necesaria una sustituta, ella tenía los días contados.

Aurea había sido invocada y traída del otro lado, dónde no hay individualidades, donde todos son multitud cual hormigas de una colmena. 

La hechicera se preparaba para el retorno y difusión de la forma.

Se había tardado mucho en encontrar a la candidata adecuada, aquella que hubiera terminado su ciclo en el otro lado.

Iceta, nada más verla, la había escogido y eso era la señal esperada. Iceta desde su irracionalidad tenía la capacidad del reconocimiento sin engaño.

La hechicera podría marchar tranquila porque el ciclo se continuaría.

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Sunday, September 24, 2006

Texto

ENTRISTECIDA


“Cierra los ojos y no mira. Una sospecha, un no se sabe qué.

Sale de la casa pausadamente, indecisa.”

“Te recoges en ti y te adormeces. Tanto cansancio al final cede. Quedas ensimismada. En ti.”

“Ahora lo recuerda y se mira en ese recuerdo, se objetiva se convierte en espectadora de si misma.”

“Esta perspectiva aniquila al ser humano. Se fractura la persona. esa actitud despreciativa no es integradora, es lesiva. La persona no se supera, se hunde más si cabe en ese magma social de desprecio y desamparo.
En este recogimiento te has destapado y descubierto que no debes permanecer en el mismo lugar, que debes dar el paso que te lleve a la libertad.”

“Vivimos en distintas realidades. Nos creemos habitantes de un mismo tiempo y espacio. Sólo es una creencia.

SON RETAZOS DEL RELATO QUE HE IDO ELABORANDO 

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Sunday, September 10, 2006

ENTRISTECIDA

Cierra los ojos y no mira. Una sospecha, un no se sabe qué.

Sale de la casa pausadamente, indecisa.

Vuelve atrás, enciende la luz y mira hacia la mesa, parece que algo busca. Un ligero mohín se dibuja en su cara.

-A qué esperas, vamos.

Él la mira y aprieta los labios en un gesto contenido.

-Quieres hacer el favor de darte prisa, que vamos a hacer tarde.

Ella desiste de la búsqueda y sale.

-No sé, siento como que algo me dejo, no sé.

-Quieres poner de tu parte, Ana.

-Tranquilo, ya he salido, ¡vamos!

-Sucede que entre unas cosas y otras nos queda tiempo justo para tomar un café.

-Ya lo tomaremos después, cuando lleguemos cerca de la consulta, y si no da tiempo te quedas en el bar que yo ya entraré sóla.

-Ni hablar, ¿para eso te he estado esperando?

-¿Para eso te vengo a acompañar?

Dice irritado.

-Ya te dije que no era necesario, que yo sóla me basto.

Hay tensión contenida.

Él la mira con indignación.

-Osea que cojo la mañana libre para poderte acompañar y ahora me dices que te vales tu sóla.

-Bueno, frena, no te pongas así.

Apresuran el paso y entran en la estación de metro. Él se adelanta e introduce su tarjeta y pasa. Desde el otro lado de las máquinas de paso la mira con cara de pocos amigos.

-Tóma la tarjeta.

-No hace falta, ya llevo una.

Ella busca en su bolso en uno y otro compartimento, saca su tarjeta y la introduce en la ranura.

-He cambiado el bolso y ahora no me aclaro con éste.

Él no contesta.

Se oye la llega un metro en ese momento, bajan corriendo las escaleras y llegan al andén justo a tiempo para subir a él.

En todo el trayecto no hay palabras. Silencio.

Se han sentado y cada uno se pierde en sus pensamientos.

Ella cabizbaja mira al suelo. Se oye alboroto en la siguiente parada.

Algo sucede, el tren del metro no sigue su marcha.

Él la mira de vez en cuando. No median palabras.

Ella levanta la vista y observa distanciada. En el vagón que queda delante unos jóvenes están haciendo movimientos cogiéndose de las barras. Piensa que deben estar intentando hacer cómo aquellos que se exhiben en los circos.

Sucede que algo no val, no sabe qué. Se levanta y sale del vagón.

-¿Qué haces?

-¿A dónde vas?

Le espeta sorprendido.

-A casa.

-¿A casa?

-¡Sí, a casa!

-¿Y para esto me haces venir?

-No te pedí que vinieras. Así pués, ¡dejamé en paz!

Él la coge por el brazo intentando retenerla.

-¡Que me dejes en paz!

-¡No aguanto más!

Él queda perplejo. La deja ir soltando su brazo.

-Desde luego, ya te dejo en paz.

Indignado se aleja, no mira hacía atrás.

Ella camina. Unas lágrimas corren por sus mejillas. Con unos manotazos se las quita y arranca a correr como alma que lleva el diablo. Al cabo de un rato se detiene mira a un lado y a otro.

Al otro lado de la calle hay una cafetería, entra y se sienta en la barra.

-¿Qué le pongo?

Mira enfrente de ella, se ven unos bocadillos pequeños.

-Un bocadillo de esos.

Señala enfrente.

-¿De qué lo quiere?

-¿De qué son?

-De atún, de jamón, de fuet, de chorizo, …

-De fuet, po favor.

-Un agua y un cortado, por favor.

El camarero coloca un vaso y un botellín de plástico delante de ella, va a buscar un plato y mientras tanto prepara la cafetera.

Ella desenrosca el tapón de la botella y empieza a beberse el contenido. Piensa: -tengo la boca seca-. El camareo le pone el bocadillo delante y ella mecánicamente empieza a comerlo pasando en cuestión de segundos a comer con avidez.

Mira a su alrededor y observa como el camarero está anudando un delantal que ajusta con fuerza a su cuerpo. Se para y advierte que el ambiente del local es agradable, hay buen ‘rollito’ entre la gente. El local es grande, al fondo se ven unas mesa donde la gente mantiene conversaciones animadas, a su lado un señor está ojeando el periódico. Entra alguién con paquetes de frutas. Piensa en ello y una sonrisa se dibuja en sus labios. Después echa azucar al cortado y se lo toma saboreandolo.

Observa la caja al otro lado, se levanta y ve que hay una bandejita con su cuenta,entrega un billete y después recoge el cambio.

-¡Gracias, hasta luego!

Sale a la calle decidida.

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Saturday, September 9, 2006

UN CUENTO PARA UN GATITO

¿Qué sucede?

Pasan las horas y nadie viene a verte.
Tú te preguntas y piensas, ¿qué sucede?
Se fueron de casa, olvidaron llevarte.

Se preparaba algo, iban y venian, movian las sillas, hacian paquetes.

Y tú te preguntas, ¿…?
No se siente a nadie.
Primero te duermes, nada. Te despiertas.
A la media noche, tus tripas se sienten, debes tener hambre.
Vas por los pasillos, nadie.
Vas a la cocina y en un rinconcito tu agua, tu arena y nada, no hay nada.
Juegas con tu sombra.
Oscuros y luces. Se oyen sirenas, taconeos, susurros y … No ves a nadie.
Te enroscas bajo la banqueta de anea, miras hacia arriba. Tiene tus marcas, te encanta arañarla, ahora sin embargo hay un algo, no sabes, te es indiferente.

Algo, …, tu pelo se eriza, tu cuerpo se arquea.

Antes que el día se aclare, maullidos de gato, …

-¿Es que no hay nadie que calle ese gato?

Los gatos en el tejado oyen su lamento

-¿Es que no hay nadie que calle ese gato?

Se encienden luces.

Cuanto griterio.

La gente discute.

Nuestro gatito, triste.

Pasan, por la calle, servicios nocturnos, de recogidas diversas.
Nuestro gatito llorando con maullido desgarrante.

La gente se queja.

-¿Es que no hay nadie que calle ese gato?

La noche se alarga, la luna entristece.

El pobre gatito, sólo y triste.

Amanece la ciudad bajo un cielo gris.
Maullido lastimero. La calle silenciosa y un sólo quejido, el del gato solo entre las paredes de su territorio.

Que los gatos no tienen amo, que tienen territorio. Pero él tiene hambre.

Por la calle pasea alguien con un perro.
- Bolk, ¿qué te sucede?
El perro está inquieto, levanta sus orejas, …
Se pone en alerta.
Algo sucede.
Empieza a ladrar y mira hacia una ventana, al final de la calle.
El perro se mueve, reclama a su amo.
Se le suelta para que de alguna manera oriente.
Un gato con sus patitas agarradas a una ventana, mirando a la calle.
Se le ve nervioso, encrespado, furibundo.
Es llanto o es rabia.

Estaba nuestro gatito solo en su casa, encerrado. Era un piso bajo, un entresuelo de una calle muy concurrida.
Nuestro perro no paraba de ladrar y reclamar a su amiga para que le acercara a la casa.
El pobre gatito tenía las pupílas dilatadas, y apenas emitía un suave maullido. Había estado la noche entera maullando desesperadamente.
Llegó Lola hasta allí y llamó a los vecinos. Éstos asomaron con cara de pocos amigos.
Hubo un tira y afloja. Algunos indiferentes se desentendieron. Otros furibundos echaban pestes de los dueños del gato.
-¿Cómo se atreven a dejarlo sólo en la casa?
-¡Qué gentuza!
-Se habran olvidado. Yo recuerdo unos dibujos animados dónde un perro había quedado olvido y tras las peripecias para salir adelante apareciera el niño y todos felices.
-Tú, siempre con tus fantasias.
-Lo han olvidado y vete a saber cuando vuelven.
-Cómo en la peli, ’sólo en casa’.
-Sí, sí, sí …
Lola no se lo acababa de creer, nadie hacía nada por solucionar la suerte del gato.
Pregunta si hay alguna posibilidad de solucionarlo. Si alguien sabe como acceder al piso. Nadie responde.
Al final alguien sugiere contactar con la gente que lleva la administración de la finca.
-Cómo se os ocurre tal memez, están de vacaciones.
-Y, ¿si localizamos al conserge?. Aunque está de vacaciones puede ser que le encontremos.
-¿Alguien sabe cómo?
-A veces lo veo tomar café en la panadería de la esquina del metro.
-Pero son las ocho de la mañana, supongo que hoy teniendo fiesta irá más tarde.
En estas y otras divagaciones se iba el tiempo.
Lola tira de Bolk. Él se resiste.
-Venga, vamos a casa.
Él la mira y mira a la ventana dónde estaba nuestro gato.

Era Bolk un perro amado por todos. Lola lo había criado a biberón.
Ella decía cuando lo recordaba:
“Lo he criado a biberón. Fue una sensación maravillosa. Cada tres horas despertaba.
Le dabas el biberón, la toma, y volvia a dormir.
Me he dado cuenta de la poca diferencia que tenemos los humanos de los animales.
Según me dijera el veterinario es el mismo proceso de un bebé, cada tres horas su toma, palmadita y su erupto.”

Bolk entró en tu cuento de la mano de Lola.

CONTINUACIÓN DEL CUENTO DEL GATITO:
Estaba nuestro gatito solo en su casa, encerrado. Era un piso bajo, un entresuelo de una calle muy concurrida.
Nuestro perro no paraba de ladrar y reclamar a su amiga para que le acercara a la casa.
El pobre gatito tenía las pupílas dilatadas, y apenas emitía un suave maullido. Había estado la noche entera maullando desesperadamente.
Llegó Lola hasta allí y llamó a los vecinos. Éstos asomaron con cara de pocos amigos.
Hubo un tira y afloja. Algunos indiferentes se desentendieron. Otros furibundos echaban pestes de los dueños del gato.
-¿Cómo se atreven a dejarlo sólo en la casa?
-¡Qué gentuza!
-Se habran olvidado. Yo recuerdo unos dibujos animados dónde un perro había quedado olvido y tras las peripecias para salir adelante apareciera el niño y todos felices.
-Tú, siempre con tus fantasias.
-Lo han olvidado y vete a saber cuando vuelven.
-Cómo en la peli, ’sólo en casa’.
-Sí, sí, sí …
Lola no se lo acababa de creer, nadie hacía nada por solucionar la suerte del gato.
Pregunta si hay alguna posibilidad de solucionarlo. Si alguien sabe como acceder al piso. Nadie responde.
Al final alguien sugiere contactar con la gente que lleva la administración de la finca.
-Cómo se os ocurre tal memez, están de vacaciones.
-Y, ¿si localizamos al conserge?. Aunque está de vacaciones puede ser que le encontremos.
-¿Alguien sabe cómo?
-A veces lo veo tomar café en la panadería de la esquina del metro.
-Pero son las ocho de la mañana, supongo que hoy teniendo fiesta irá más tarde.
En estas y otras divagaciones se iba el tiempo.
Lola tira de Bolk. Él se resiste.
-Venga, vamos a casa.
Él la mira y mira a la ventana dónde estaba nuestro gato. …

Posted by lletraferida in 11:08:32 | Permalink | Comments (1) »

ESCRIBIRÉ SOBRE ELLO

 A todas y todos compañeros y compañeras en este viaje apasionante, navegantes y comunicantes en la virtualidad.

 

Bloggear durante el verano

http://myblog.es/escondidoenmimemoria/page/1543
Aquí copió su relato. Cada día iba añadiento nuevo contenido.

Se encontró con un espacio en la web que le ofrecia la posibilidad deseada, el reto necesario.

Es verano, dos meses de vacaciones a ocupar en algo, en explorar nuevos mundos.
Ella no llena sus maletas para marchar por territorios y largos viajes.
Ella, en este momento, ha de seguir un guión externo. Su compañera de viaje está enganchada cuidando de una madre en estado terminal.
Sus padres, últimamente, requieren de sus atenciones. Barcelona y Huesca, Huesca y Barcelona. No puede organizarse otros trayectos. Ha de estar disponible.
Desde hace seis años sus planes se han ido torciendo. Sustos, uno detrás de otro. Cruza los dedos Podría ser peor, sólo tiene que mirar hacia su amiga y sabe lo que supone acompañar a quien está en su último viaje.
Sólo puede buscar algún nuevo descubrimiento abarcable. En ello está. Casualmente, como siempre sucede (’nada es azar’) llega la posibilidad. Se abré ante sus ojos la perspectiva mental, el viaje al bordo de la nave espacial. Recorrerá galaxias, caminos de estrellas.
Cuando algo le engancha, ella se pone en ello en cuerpo y alma. Así ha sido. Día a día siente el agijón del deseo. Su mente busca. Su mente construye.
Algún texto manuscrito, dibujos, fotografias y vídeos. Cosas que ella guarda y que ahora cobran sentido en sus manos. Aunque fueron resultado de sus procesos reflexivos y creativos, ahora penden de un nuevo hilo, los cosifica y hace un refrito, como se hace en la cocina con las sobras del día anterior elabora un nuevo plato, exquisito, lleno de sabores y aromas nuevos. Habla de sentimientos, y de lugares, vividos. Su pasado vuelve a ella sin dolor, sin miedos. Ha pasado la barrera de los cincuenta. No tiene hijos ni los añora. Algunos proyectos hicieron aguas, no se duele por ello. Sabe que ha sufrido la metamorfosis de la madurez y que ahora se prepara para otro viaje. Lo mira con serenidad y cree que éste tendrá su cuaderno de viaje, su bitácora, ya que cuando pone las manos sobre el teclado éste responde a sus deseos más íntimos. Quita los velos y tapujos. No, no hay tapujos ni falsa modestia.
Escribe estos textos para que alguien los lea. Se los escribe para que cuando pase el tiempo esten allí recordandole que un día le salieron de dentro. No son ínfulas de grandeza. La vida le ha dado lo que ella a buscado, vivir.
 

Posted by lletraferida in 11:07:25 | Permalink | No Comments »

TIEMPO PARA RECORDAR

 Escondido en la memoria

A mis padres que me quieren y me quisieron tanto.

Hace años que desea, ella no sabe de este deseo, no lo recuerda.
Desde niña le fascinaron siempre las historias, fábulas y cuentos que contaban los mayores. Cuando iba al cine se abría un mundo ante sí.
Leyó todo lo que caía en sus manos. Aprendió antes de los cuatro años. Eran métodos agrios de maestras de otros años. Hasta el inicio en el Instituto estuvo en manos de monjas, las de Sta. Rosa. Recuerda poco de esos tiempos pero un sabor amargo le recuerda que no fue bueno.
Tenia más facilidad para las matemáticas y el dibujo. Cuando llegó al COU, último curso en el Instituto le sorprendió el reconocimiento de su capacidad literaria. Un redactado sobre la ventana, partiendo del referente de uno sobre un cuadro. La profesora alabó su trabajo como brillante y maduro. Ella algo había jugado con la poesía. Lo cierto era que escribir era un acto natural que en ella no suponía esfuerzo.
Olvido, incluso tuvo mementos en los que se sintió sin palabra, crisis que loquean el alma y la mente.
Ya han pasado muchos años y después e perderle todos los miedos al teclado un día empieza un cuento.
Un cuento para un lindo gatito, imaginado.
” ¿Qué sucede?
Pasan las horas y nadie viene a verte.
Tú te preguntas y piensas, ¿qué sucede?
Se fueron de casa, olvidaron llevarte.
Se preparaba algo, iban y venían, movían las sillas, hacían paquetes.
Y tú te preguntas, ¿…?
No se siente a nadie.
Primero te duermes, nada. Te despiertas.
A la media noche, tus tripas se sienten, debes tener hambre.
Vas por los pasillos, nadie.
Vas a la cocina y en un rinconcito tu agua, tu arena y nada, no hay nada.
Juegas con tu sombra.
Oscuros y luces. Se oyen sirenas, taconeos, susurros y … No ves a nadie.
Te enroscas bajo la banqueta de anea, miras hacia arriba. Tiene tus marcas, te encanta arañarla, ahora sin embargo hay un algo, no sabes, te es indiferente.
Algo, …, tu pelo se eriza, tu cuerpo se arquea.
Antes que el día se aclare, maullidos de gato.
-¿Es que no hay nadie que calle ese gato?
Los gatos en el tejado oyen su lamento
Los gatos en el tejado oyen su lamento.
-¿Es que no hay nadie que calle ese gato?
Se encienden luces.
Cuanto griterío.
La gente discute.
Nuestro gatito, triste.
Pasan, por la calle, servicios nocturnos, de recogidas diversas.
Nuestro gatito llorando con maullido desgarrante.
La gente se queja.
-¿Es que no hay nadie que calle ese gato?
La noche se alarga, la luna entristece.
El pobre gatito, sólo y triste.
Amanece la ciudad bajo un cielo gris.
Maullido lastimero. La calle silenciosa y un sólo quejido, el del gato solo entre las paredes de su territorio.
Que los gatos no tienen amo, que tienen territorio. Pero él tiene hambre.
Por la calle pasea alguien con un perro.
- Bolk, ¿qué te sucede?
El perro está inquieto, levanta sus orejas.
Se pone en alerta.
Algo sucede.
Empieza a ladrar y mira hacia una ventana, al final de la calle.
El perro se mueve, reclama a su amo.
Se le suelta para que de alguna manera oriente.
Un gato con sus patitas agarradas a una ventana, mirando a la calle.
Se le ve nervioso, encrespado, furibundo.
Es llanto o es rabia.”
Copió su relato.
Cada día iba añadiendo nuevo contenido.
Se encontró con un espacio en la web que le ofrecía la posibilidad deseada, el reto necesario.
Es verano, dos meses de vacaciones a ocupar en algo, en explorar nuevos mundos.
Ella no llena sus maletas para marchar por territorios y largos viajes.
Ella, en este momento, ha de seguir un guión externo. Su compañera de viaje está enganchada cuidando de una madre en estado terminal.
Sus padres, últimamente, requieren de sus atenciones. Barcelona y Huesca, Huesca y Barcelona. No puede organizarse otros trayectos. Ha de estar disponible.
Desde hace seis años sus planes se han ido torciendo. Sustos, uno detrás de otro. Cruza los dedos Podría ser peor, sólo tiene que mirar hacia su amiga y sabe lo que supone acompañar a quien está en su último viaje.
Sólo puede buscar algún nuevo descubrimiento abarcable. En ello está. Casualmente, como siempre sucede (’nada es azar’) llega la posibilidad. Se abre ante sus ojos la perspectiva mental, el viaje al bordo de la nave espacial. Recorrerá galaxias, caminos de estrellas.
Cuando algo le engancha, ella se pone en ello en cuerpo y alma. Así ha sido. Día a día siente el aguijón del deseo. Su mente busca. Su mente construye.
Algún texto manuscrito, dibujos, fotografías y vídeos. Cosas que ella guarda y que ahora cobran sentido en sus manos. Aunque fueron resultado de sus procesos reflexivos y creativos, ahora penden de un nuevo hilo, los cosifica y hace un refrito, como se hace en la cocina con las sobras del día anterior elabora un nuevo plato, exquisito, lleno de sabores y aromas nuevos. Habla de sentimientos, y de lugares, vividos. Su pasado vuelve a ella sin dolor, sin miedos. Ha pasado la barrera de los cincuenta. No tiene hijos ni los añora. Algunos proyectos hicieron aguas, no se duele por ello. Sabe que ha sufrido la metamorfosis de la madurez y que ahora se prepara para otro viaje. Lo mira con serenidad y cree que éste tendrá su cuaderno de viaje, su bitácora, ya que cuando pone las manos sobre el teclado éste responde a sus deseos más íntimos. Quita los velos y tapujos. No, no hay tapujos ni falsa modestia.
Escribe estos textos para que alguien los lea. Se los escribe para que cuando pase el tiempo estén allí recordándole que un día le salieron de dentro. No son ínfulas de grandeza. La vida le ha dado lo que ella a buscado, vivir.
Rehace el camino hacía los recuerdos.
Descuida ese cuento. Ahora es su memoria que hace por salir a flote y empieza con sus recuerdos de infancia.

“La luna que en la noche te ilumina.
Para llegar a tu casa no había muchos faros que te guiaran.
Una luz al principio del callejón. Una segunda en el recodo, al doblar la esquina. Esa esquina que cambiaba con las estaciones de hierba crecida a hierba seca, un triángulo donde jugabais las noches de verano y tardes de días no muy fríos. La tercera en la primera casa del espacio compartido.
Cuando en el invierno volvías recogida en tu abrigo, mirando para todos los lados, por tu mente pasaron muchos miedos.
Entrabas apretando el paso, tensa y con los puños cerrados. La primera casa era un almacén del que salían olores varios, torrefacto y chocolate, portalón de carga y descarga. Avanzabas y estaba el primer corralón oscuro y silencioso, en ese tiempo no había televisión y la gente estaba cenando y terminando alguna de las muchas tareas que les ocupaban durante el día. Seguías, nunca pasó nada, pero siempre tuviste tus miedos.
Una vez algo saltó sobre tu cuello, fue real o imaginado, corriste hacia tu casa con el corazón a cien por hora.
En el verano, confiada, mirabas la luna y veías como ella seguía tus pasos. Alguna vez te hizo sentir un algo de tan fijo que la mirabas,  ella te miraba. Había movimiento en la calle, los corrillos de gente tomando la fresca. Los chavales y chavalas jugando a juegos diversos.
Cuando el buen tiempo, volvías a casa y te daban la merienda y con ella salías a la calle a jugar hasta saciarte. Cuando te llamaban, abstraída en tus juegos, en los tebeos, en las charlas, contestabas: -¿qué?, y seguías en lo que hacías. Tenían que venir a buscarte, te perdías en ese mundo maravilloso de la infancia.

Jugué entre los campos de trigo. Estaban sus tallos tumbados en la tierra y en hileras. Engabillar y juntar las gabillas hasta hacer las pacas de paja.
Mi padre cambiaba el estiércol de sus vacas por la paja.
La paja era cama para nuestras vacas. Cada día iba la usada con el estiércol y se les limpiaban las cuadras y de nuevo paja bien limpia.
Llegaban con carros y después con volquete. La descargaban en la calle. Ese día era fiesta nos divertíamos sobre manera toda la chiquillería del barrio. Esa tarde a ayudar a colocar esa paja en el granero. Mi padre y mi hermano, mi madre y yo, cada cual dentro de las fuerzas que pudiéramos tener. Arañazos en los brazos. Placentera sensación la que da hacer las cosas juntos. Nunca me molestó el esfuerzo. Cuando en la noche, tras la cena, mi padre me explicaba su infancia y sus vivencias escuchaba como si se hubiese tratado del mejor de los cuentos. Era el cuento más hermoso que nunca se me ha contado.
El otro espacio fue en el pueblo de mi madre. Mi tío me montó con él en el trillo, recuerdo imborrable.
Tuve una infancia que no desearía hubiera sido distinta. Contacto con la naturaleza. Contacto con los animales. Juegos con niños y niñas de distintas edades. Dos pueblos de referencia, el del padre y el de la madre, en ello otros contactos con la naturaleza y con infantes.
Mi padre siempre tuvo afición a la pesca y por ello, en verano, mi madre preparaba una cesta con tomates y lechuga (’ensalada’ en nuestro entorno), jamón y huevos duros, y otras cosas que ahora no recuerdo, y marchábamos a algún río. Era hermoso.
Son muy gratos recuerdos.”
 

Posted by lletraferida in 11:05:48 | Permalink | No Comments »

CUENTO PARA UNA NOCHE DE VERANO

 

Pesadilla

Atrapado en su silencio se hizo a un lado.
La vio, la sintió a su lado.
Palpitó, latió, tembló.
Sentia el aire que salia de la comisura de sus labios.
Una gélida gota de sudor le recorrió el espinazo.
Quieto, petrificado.
Ni siquiera parpadeando.
Queria alargar su mano y encender la luz de la lámpara.
Sus músculos no respondian a sus intenciones.
Las ordenes de su mente en un largo recorrido se perdian sin retorno.
Cerró los ojos, eso creyó.
El armario perdió sus formas. La silla se desarmaba en infinidad de piezas desencajadas.
En la garganta un grito ahogado.
Encendió esa luz que haría desaparecer las sombras de su mente. No fue así.
Miró, buscó aquello que le paralizaba, sintió que algo cálido y gélido a un tiempo le rozaba.
No veia nada pero ella estaba allí.
Era evidente.
No la vio pero seguia sintiendo el aire que salia de la comisura de sus labios.
Grito.
Fue un grito ahogado que a nadie alcanzó.
Cayó en desmayo sobre la cama y de lado.
A la mañana siguiente recordaba algo.
No sabía que cosa pero vio algo extraño en su mirada a través del espejo.
Vio la mirada de ella que le miraba desde el otro lado.
Una gelida gota de sudor surco su frente y despavorido salió al quicio de la puerta.
Miró fuera y no vio a nadie.
Miro tras sus espaldas y solo era aire, nada.

¿Era la sombra del viento que entró por su ventana?

Era una noche de verano. Un verano sofocante. Las calles ruidosas. las ventanas abiertas.
Sólo en su cama.
La família, como todos los veranos habían ido al pueblo. Él quedaba sólo en la ciudad, dicen que de rodríguez.
Monotonos días, monotonas tardes.
De este año no pasa, un toldo y aire.
Ella no quiere, es ecologista, dice que se tiene que ahorrar energia. Si estuvieran a su lado seguramente sería ella quien insistiria.
Tantas propagandas, concienciar. Qué pasa con los campos de divertimento de los mequetrefes, abusones que todo lo tienen, y sus piscinas y sus grandes ‘palacios’.
Está irritado. Mañana, cuando mejor esté, en el mejor de sus sueños sonará el reloj, ‘martillo de herejes’. Mal de males.
No habrá sueño apacible. La noche le depará la peor de las pesadillas. No recuerda la de la noche anterior.
El ir y venir por la ciudad. El mal rollo de la sala de aparatos (recorte de personal). Las llamadas fallidas del día. Le han hecho olvidar.
Se duerme, cree que duerme …

Una gélida gota de sudor …

 

Posted by lletraferida in 11:04:17 | Permalink | No Comments »

UN RECORRIDO POR LA DUPLICIDAD

Estaba este verano escribiendo un relato en uno de mis blogs. Se puso en marcha el proceso narrativo/creativo de forma espontanea tras las lecturas de unos y otros artículos y comentarios en aquellos blogs que visitaba casi a diario.

Había enganchado la frase que se me desvelaba al vuelo. Estaba cn los dedos siguiendo sus movimientos, escribiendo y al querer enviar el texto hice lo que suelo hacer, pero a medias. Seleccioné y creí que había optado por copiar. Mi sorpresa y decepción fueron cuando al querer recuperar el texto se copió una copia previa que nada tenía que ver con ésta. Casi nunca falla pero en ese momento falló el sistema y mi sistema de seguridad sufrió de error humano, mi error.

Volví a mi casa frustrada. Hablé con mi amiga, por el camino, y poco a poco resurgió en mi memoria. Cuando llegué a casa cogí papel y lápiz y lo escribí.  

A VECES LO REAL ES IRREAL

Cada día y, desde la calle, miraba, observaba, hacía su ventana . Seguía todos los movimientos, todos los indicios que pudieran indicar su presencia. Persianas en una u otra posición, luces en unas u otras estancias, indicios al fin y al cabo de que estuviera en casa.

No sabía si era o quien era. Desconocía si se trataba de uno o de una, ni joven o mayor y tan siquiera reconocía si era de una u otra etnia.

Sabía tan poca cosa y sin embargo, aquel verano cada día paseaba, tras muchos rodeos, delante de aquella casa y se paraba un rato, poco pués temía ser sorprendida. Disimulando.

Cuando, por la noche, volvía a su lecho y se disponía a entrar en los brazos de la luna en su dulce sueño venía a su mente este recorrido y se decía a sí misma que al día siguiente buscaria formas y maneras para comunicarse, dejar una nota o lo que fuese. Sin embargo cada día fue lo mismo.

Cuando de mañana salió de su casa y seguía sus pasos, como siempre, en la calle para ella no hay gente, aunque sí físicamente, no lo eran emocionalemnte. Había quien saludaba, quien reía, quien corría, quien reñia.

Ella seguía sus pasos. Tomaba un café, leía su periódico, de atrás a delante. Pensaba en lo que leía, en lo que se decía y en lo que se omitía. Divagaba, a veces, sobre los problemas que allí se recogían.

Un día había sucedido algo extraordinario, por lo distinto. En una ojeada a la calle se encontró con la mirada, su mirada. Cuando regresó del instante y quiso corroborarlo ya no había nadie. Pagó su café y salió a su alcance. El silbo del viento señales le daba. Siguió sin sberlo la huella marcada y ésta le llevaba a aquel portal que con puerta cerrada ya nada le daba.

Y así, cada día, buscó nuevas pistas hasta que sin saber cómo situó su objeto y de allí fue que mirara insistentemente aunque de corrido a esas ventanas.

Sucedió otro día, cuando ya agosto acababa, que del otro lado de la calle ella le llamaba. Reconoció esos ojos que como desde un espejo a ella la miraban, y supo que era, quien ella con tanta ansia esperaba ahora estaba a su alcance. No se lo pensó mucho. Cruzada la calle diole la mano y las dos juntas así se encontraron.

Esos ojos, esa sonrisa. Sus propios ojos, su sonrisa.

Se dejó llevar, la otra conducía sus pasos.

Reían por todo. Sentía alegría.

Llegaron a la casa, entraron al portal y en nuevo espacio ella supo estar. No hubo preguntas, no hubo silencios. Se dejó llevar.

Cuando en la mañana despierta en su cama mira a todas parte, se lebanta, se ducha y de pronto en sus mivimientos cotidianos algo no va. En la cocina hay un calendario con julio y agosto sin arrancar. Queda sorprendida, algo no va. Será un descuido o lo ha olvidado. Mueve la cabeza y quita importancia.

Sale a la calle, entercambia saludos, buenos días, hola que tal, con quienes se cruzan y a quienes conoce. Compra su diario y observa la fecha, no es cierto, algo no va bien, no puede ser. Es fechado en julio. Perpleja lo mira, no da crédito a sus ojos. En el desconcierto mira a un lado y otro. Observa la calle, la gente se mueve como si tal cosa, pero de pronto alguien la está mirando, lo nota a su espalda, se gira. Es ella. Recuerda las cosas pero pero se siente inquieta, confusa.

-Si hoy empiezo el verano, si esa mirada me lleva al encuentro, es que acaso fue un sueño.

Decidida corre, la llama. Sigue sus pasos, ya la otra gira y sorprendida se encuentran. Queda quieta, no puede articular palabra, no se mueve ni pestañea. Está como petrificada, imagen congelada (en pausa).

Observa, se observa, como en secuencia cinematográfica. La otra alarga su mano y coge la suya y sin voluntad se deja llevar.

 

Este texto parte de la idea de comunicación a través de los blogs.

Lo que se denomina como casa de hecho es el blog que encuentras en el callejear que supone entrar a través de los diferentes links.

Se juega con la idea del ‘dejà vu’, aquello que reconocemos como antes vivido. Recurso de un cuento de Borges, y ampliado con filmografía diversa. 

 

Posted by lletraferida in 10:59:57 | Permalink | No Comments »

TESTAMENTO ESPECTRAL

A finales de Agosto de regreso a mi ciudad el paisaje me trae la calma que me permite pensar y construir el lenguaje. Y al llegar a mi casa escribí:  

Vuelvo, regreso a mi ciudad. He estado durante estos dos meses de allá para acá, de acá para allá; pero ahora, al fin regreso a mi cotidianidad. Lo duro será que tendré que volver a trabajar aunque claro no todo son ‘flors i violes’.

En el autocar nos encontramos en un viaje y quizá nunca más. Vuelvo de estar con mis padres. Un señor se sienta a mi lado, en los asientos de delante la hija y su señora. Le dicen que no me moleste, “no molestes a esta señora”. Pobre hombre, no ha dado mal en todo el viaje. A veces ha intentado participar con esposa e hija pero no le han prestado mucha atención y se ha recogido en sí mismo. En su compañía ha saltado la chispa creativa y me he puesto a escribir lo que a continuación escribo. Se lo dedico a este señor que merece mi respeto y aprecio.

 

TESTAMENTO ESPECTRAL
Él buscó y rebuscó. Abría y cerraba cajones.
Miró su reloj y con precipitación, al fin, salió de la casa.
Cerró la puerta tras de sí, a su espalda dejó la casa.
Se oyó una primera campanada, del reloj de la iglesia. Era noche cerrada, la luna apenas si se intuía, un suave cerco indicaba su presencia, lugar en ese cielo cerrado. La calle desierta. Él se encoge y recoge su cuerpo bajo su capa. Dos, tres, cuatro campanadas, -son los cuartos- piensa. Com mayor impetu se oyen las doce, con otro ritmo, pausadamente y como dolientes. se oye un ladrido que hiela la sangre, pues parece aullido o lamento, chirrido del viento.
Él se conduce entre las sombras cómo si temiera que alguien lo viera, recogido en su capa y muy pegado, casi adheriendose, a las paredes de las otras casas.
Se detiene ante una casucha lóbraga. Llama a la puerta mientras vigila que nadie le vea. Tres golpes con los nudillos de su mano izquierda, la derecha recoge el rebozo que le hace su capa.
Desde la estancia, una mujer adormecida sobre una mesa pequeña y vieja, sin mantel, de las de cocina de pobre, se oyen los golpes que contrastan con sordo silencio. Ella se levanta, en un respingo, y abre la puerta, tras de sí la mesa y su silla y un plato con sobras de cena de pobre con trozo de pan y vaso de vino, cuchillo y cuchara con muy poca lumbre. La mayor parte de la estancia está en penumbra y aunque hay pocos muebles son poco visibles a simple vista. Una pobre bombilla de poca luminosidad, con un casquillo de aquellos que también llevan para un enchufe, cae sobre la mesa a la que ilumina. Con más atención se vislumbran cocina y hornillo, cesta con leña y un gato que duerme al calor de la lumbre. El gato levanta las orejas pero pierde interés y vuelve a su sueño enroscando aún más su cuerpo. Un armario pintado en verde de puertas en bajos y cristales arriba. Tras esos cristales se ven pocos objetos, los imprescindibles. Entre los dos cuerpos de armario hay un espacio abierto dónde pueden verse cacharros diversos. Sobre la cocina de leña hay un puchero con algo que hierve.
-¿Lo encontraste?
-No, no sé dónde lo pusimos.
-Tiene que estar en tu casa,
¿no recuerdas que quedamos en que tú lo guardarías?

Él la mira y levanta los hombros y abatido se sienta en la silla.
Ella coge otra silla y la coloca al otro lado de la mesa. Se mueve de un lado para otro. Con cierto nerviosismo va recogiendo lo que hay sobre la mesa y coloca dos tazas que saca de la parte alta del armario de la cocina, una a cada lado de la mesa. Coge una torta y corta unos trozos que coloca en un plato blanco de porcelana sobre la mesa.
-¿Quieres tomar algo?, interpela al hombre.
Él no contesta.
Ella echa a la olla café y luego lo pasa por una manguera a una cafetera bollada, grande y vieja, de las de aluminio.
Vierte el café humeante en cada una de las tazas, y coloca delante del hombre una de las tazas.
-Toma, bebé, dice suavemente.
Ella se sienta al otro lado y queda con la taza en la mano. Esperando le mira y mueve la cabeza en un gesto de equiescencia.
Él, mecanicamente, bebe.
El silencio es tal que pudiera cortarse con cuchillo.
Beben con cuidado, soplando sobre el líquido humeante. No comen los trozos de torta que e el plato están. El gato ronronea.
Al cabo de un rato se miran y ella se levanta recogiendo las cosas de la mesa y ordenado la estancia de múltiples usos. Se abriga con mantón de lana que otro tiempo fuera negro, ahora descolorido y raido.
Salen a la calle, ella tras él que en un respingo se le adelanta.
Fría noche sin luna. Dos solitarias sombras. Pisadas apagadas. Ladrar lejano.
Ya en la calle ella se arrebuja en su pobre manto, tiembla y se estremece por el silencio que oye. Él la recoge en suave abrazo bajo sus hombros, es mucho más alto y ella es menuda cual ligera pluma, ni joven ni vieja de edad incierta. Se oye un ladrido, otro que responde. Parecen quejidos a oidos suyos. Apresuran el paso. Llegan a la casa y entran, no sin antes mirar a un lado y a otro no fuera que alguien se percatara de ello. Todo está revuelto y tirado por el suelo. Él le señala a uno y otro lado y a todos los rincones. Ella coge un libro que en el suelo está y en ese momento algo cae que a los dos cambia el gesto, se miran y una leve sonrisa amanece en su semblante.
-Lo encontraste.
Es un sobre con lacre.
Rompen el lacre y sacan su contenido. A la luz de una vela los dos siguen en silencio el contenido. Murmuran en un ronroneo la lectura que estan haciendo los dos en silencio, moviendo los labios en suave siseo.
Perplejos, se miran. Una sombra cruza ante ellos y toma forma.
Sin saberlo han roto las contenciones que bajo ese sobre cerrado, lacrado, contenían ese espectro que ahora ocupa la estancia.
Rompe los cristales y en fuerte aullido que rompe el silencio de la calle sale dejando un aliendo pudente y helado.
Ese hombre y esa mujer quedan aterrorizados.
Cuando ella les dijera que abrieran ese sobre a su muerte creyeron que se trataba de una herencia que les favorecía. No hay palabras, sólo lamentos. Se sienten perdidos frente a un abismo.

Influencias de las lecturas de Douglas Coupland, ‘Jpod’ y ‘Generación X’, en esta última pasaban el rato contandose historias, yo cuento la historia que se me ha ocurrido en mi viaje y ahora he completado.

 

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