Me he quedado con el personaje, Aurea
Aurea volvió de su sueño y salió llena de luz. Sus hijos esperaban que ella despertara, llevaban siete días sin poderla ver. Ella se había ido triste y ahora resplandecía.
Sus cabellos largos recorrían su espalda y su tez se veía rejuvenecida. No salían de su asombro, ¿qué pudo suceder en esos días de ausencia?
Lo más sorprendente fue que Aurea pasó a su lado con la indiferencia de un extraño.
Cogió sus cosas en un hatillo y marchó.
A su paso la gente se asombraba y admiraba.
Se perdió en las calles de la gran ciudad como una más de sus habitantes.
Las calles le llevaron más allá. Vio el mar a su derecha y siguió su camino. Ya las calles se perdieron en la distancia y Aurea encontró su camino. si alguien la hubiera visto habría dicho que había desaparecido.
De nuevo en el poblado de la gran cascada.
Aurea aprendiza de hechicera al servicio de la gran diosa.
Iceta la seguía en todos sus pasos.
Iceta era un animalillo que se destacaba por su fiereza y sin embargo era sumiso a los pies de Aurea tal cual un gatito.
Habitaban una cueva y en ella se acumulaban ungüentos y amuletos.
La hechicera la había tomado a su cuidado. Se hacía necesaria una sustituta, ella tenía los días contados.
Aurea había sido invocada y traída del otro lado, dónde no hay individualidades, donde todos son multitud cual hormigas de una colmena.
La hechicera se preparaba para el retorno y difusión de la forma.
Se había tardado mucho en encontrar a la candidata adecuada, aquella que hubiera terminado su ciclo en el otro lado.
Iceta, nada más verla, la había escogido y eso era la señal esperada. Iceta desde su irracionalidad tenía la capacidad del reconocimiento sin engaño.
La hechicera podría marchar tranquila porque el ciclo se continuaría.