Esos hijos que esperan
Al otro lado, en la supuesta realidad Jorge está sobre su cama. Ana marchó dejando a sus hijos sin saber que decir. Cómo podían esperar una salida como esa.
- Te das cuenta, no nos ha hecho ni caso.
- Estoy anonadada, no sé que pensar.
- ¿Habrá perdido la chaveta?
- ¿Adónde ha debido ir?
- ¿Has visto, llevaba un pequeño bulto que envolvía algo?
De pronto, los hermanos, se miran y se dirigen a la habitación. Constatan que las cosas personales de su madre no están.
- Se ha llevado sus cosas, es el colmo. ¿Qué les ha pasado a éstos?
Miran al padre que se mueve inquieto en su sueño y salen de la habitación apesadumbrados.
- Tendríamos que buscar ayuda, esto no puede continuar así.
- ¿Y adónde nos dirigimos o a quién se la pedimos?
- No sé, pensemos en ello.
- Y si llamamos a los tíos, primero podríamos mirar de localizar a Carlos, el hermano de mamá, seguramente sabrá que hacer.
Marcan un número en el teléfono. Esperan un rato.
- Vaya, no contesta nadie.
- Ya llamaremos más tarde, déjalo ahora.
Entretanto en la habitación se producen cambios que ellos no ven. Todo lo que está ocurriendo del otro lado a veces va tomando forma, una forma desvaída, en este espacio. En la cama los cuerpos de Ana y Jorge cobran forma en un abrazo amoroso que es el acto que los une.