Wednesday, November 15, 2006

Del que digan tanto da.

Murió el esposo y tú viuda. Liberaste de cadenas. Los años que por delante te permitan recobrar.

Las jóvenes de hoy en día eligen a quién les va y si se equivocan son ellas y nadie más.
Que tú tenías posibles de ser madre y esposa y si así no hubiera sido en la casa de tiona.
Los tiones eran solteros que aportaban su trabajo a los afanes solariegos.
Las tionas se cuidaban de hijos de ‘otri’, tu decías, que para lavar y fregar, cazolear y remendar mejor de casa tuya.
Entraste a casa del hombre casa que todo ha de tener. Desvalijada la hallaste, menos mal que tu llevaste aquello que había de ser.
Ropas de casa y dormitorio.
Cogiste un buen marido. Cuidado que aprendiste pronto, en cabeza ajena, que la contraria no era posible llevar al hombre de la casa. Agachabas la cabeza y a todo ‘Amén’.
Las labores de la casa apagaban deseos y sueños.
De día amanecía temprano y tareas a destajo. La noche llegaba con hora y justo para rehacerse de cansancios y de nuevo a empezar la rueda, pesada como piedra de molino.
Abrirse de piernas y dejarse hacer. Que la mujer no debe manifestar placer.
Las jóvenes de hoy en día que distinto menester. Qué voz tan alta levantan y reclaman su parcela. Tú sabías que callando, así, cada noche y cada día.
El orgullo de hacer lo que toca y a tiempo. La casa como una patena, a decir de la madre.
La mujer que haga gozo, bien escoscada y ‘ojo’, que descarada no ha de ser. Descarada es quien habla dando opinión que no toca. La que dice ‘peros’ y ‘ayes’. De nada hay que quejarse.
Los hijos bienvenidos, recibidos, han de ser. No cuestionas si así lo deseas. Toca ser útil y dejar nueva sangre para cuando en la ancianidad ellos se hagan cargo de ti.
Los hijos para el marido, que se cuiden de las tierras y el ganado, más brazos para trabajar.
Las hijas para cuidarse de seguir la senda que tu puedas marcar.
Son futuro y continuidad.
No quieres ser mujer seca, de las que no son capaces de dar hijos.
No quieres sentirte inútil. Que nadie ponga en duda la ‘hombría’ de tu hombre.
La suegra gobierna en todo y tú ‘Amén’.
Cuesta tenerla contenta, recelosa de ti, no da oportunidad.
Los años van coronando, con espinas.
Cuando toca cuidarse de ellos todos cuentan con tu habilidad.
A nadie le importa que sientas un profundo dolor que te ahoga.
A nadie, pues como humilde mujer has de aceptar lo que te toca.
Exigencias y reproches.
Empiezas a perder gracia y ves como miradas furtivas de tu hombre se dirigen hacía otras.
Palabras mínimas, las justas.
Sola te sientes, entre extraños.
No te ubicas ni en pasado.
Que mal hiciste para contar tan poco.
Se pone en duda tu honra.
Honra que nadie ha cuidado.
Objeto de agravio y reniego.
Solos en la casa. Tu marido ocupado salió al monte a apacentar el ganado y tu suegro sobrado de fuerzas arrimose en la cadiera. Voluntad, qué voluntad podía frenar el embiste. Lágrimas silenciosas, consintiendo. Fue brutal. “‘Chitón”, dijo tu suegro. Muchas veces sucedió. Como un perro.
Triste soledad y culpa. De que mal se me condena si no me es posible decir que no ni que sí.
Esos hijos que has tenido, ellos solos han venido. Que de quien, pues mire usted, señor cura, sólo míos.
El cura se santiguaba y decía “¡Ave María!”.
Condenada por ser tentación para los hombres María se persignaba.
Al final desiste de abrir su pecho. Se lo guarda y no lo cuenta. Con el tiempo ni lo nota.
Pasados los años su suegro chochea y su marido se muere. María deja al abuelo en una Residencia y se lanza a bailes y viajes, de los del Inserso.
Poco a poco remoza y gana en lozanía. A los hombres que la cortejan poco caso les hace.
María se despierta día a día y decide dar rumbo a su vida. Inventa cada nuevo día.
Los hijos casados y ella sola se ha quedado. Vende tierras, casa y ganado. Toda la hacienda le ha dado para bien bailarlo.

DEDICADO A LAS MUJERES QUE ME HAN DEJADO RASTROS DE ESPERANZA

Anna, 13 de noviembre de 2006

Posted by lletraferida in 18:10:22
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