Tuesday, November 21, 2006

Quítate la máscara…

Quítate la máscara cuando salgas de casa si quieres que el mundo sepa que estás.

Le encantaba andar metiendo las narices por aquí y por allá. Se lo pasaba bien haciéndolo aunque le pareciera que nadie se parara en ello. Tenía la sensación de destaparse ante nadie lo que era lo mismo que mirarse en el espejo el cuerpo desnudo sin que nadie desde otro lado ni de reojo lo viera.
A veces se veía invisible para los demás, otras se sorprendía del agasajo y el detalle recibido. Nunca supo encajar la amabilidad que le llegaba. Se sentía más segura en la distancia. En las proximidades se sentía perdida. El soliloquio y la soledad no eran duros para su persona, al contrario, le suponía gran esfuerzo haber de seguir las pautas relacionales y la ansiedad que acumulaba incluso llegaba a provocarle vómitos y otras adversidades. En su entorno nadie se apercibía de esa falta de gusto por estar acompañada. Desconocían de ella la vida que llevaba. A veces locuaz explicaba mil anécdotas que no sabían se inventaba para entrar en el ruedo de vez en cuando. Había aprendido que el grupo debía recibir, de vez en cuando, esta dádiva para no pasar por rara o extraña. En cabeza ajena conocía lo dura que podía ser la convivencia con aquellos seres gregarios. Recordaba como ella, su amiga de otro tiempo, había caído por esa pendiente y ella supo encontrar disfraces que le ocultaran a los ojos ajenos.    
Tenía sus miedos. Los médicos que le atendían barajaban posibles que le preocupaban sobremanera. No sabían dar respuesta a lo que acontecía y la duda se volvió menos mala que la búsqueda que se daba. Se lanzó a nuevas sensaciones para no perderse en sus miedos. Ello fue el peor de los males. Ya hubo un tiempo en que alguien le dijera que las escapadas hacia delante no hacen otra cosa que empeorar las cosas. A pesar de darse cuenta siguió en ello porque le pareció reportaba algún beneficio al cuerpo y al alma. Que había recuerdos que no recuperaba. Horas e incluso días. De pronto, en algún momento del día pequeños chispazos de memoria le devolvían imágenes oscuras de calles vacías y gritos en la noche.
- No se sabe pero parece que se están produciendo unos crímenes de los que dicen en serie. Siempre se encuentra la víctima con el cuello roto y desangrada, bañada en su propia sangre.
- ¿Habéis oído la radio?
- Sí, parece que se están dando algunos crímenes en la ciudad.
- Mucho sensacionalismo.
- Eso.
- …
Esta conversación se siente en la calle, por todas partes. La gente habla en voz alta, casi a gritos al parecer de ella. Ese bullicio le molesta, tanto o más que el de los coches y autobuses que pasan por la calzada. Al darse cuenta de que todo eso le molesta decide respirar hondo y seguir sin prestar demasiada atención a las voces discordes que se cruzan a su paso.
Hay inquietud en los pasillos del metro, la gente desconfía de los extraños.
Ella reflexiona y sigue en lo suyo. Se sienta y lee un libro que lleva en sus manos.
Ante tanta inquietud se relaja y piensa que no será para tanto. Que a veces la prensa infla las noticias por puro sensacionalismo. Que seguramente se debe tratar de un par de casos y que de aquí a un par de días ya no se hablará del tema. Que seguramente habrá otras calamidades para la prensa voraz.

Posted by lletraferida in 20:04:07 | Permalink | No Comments »