Nunca expongas a tu alma.

No siempre la luz ilumina.
Ante ella empequeñeces tus ganas,
palideces.
Se mueve y adivinas.
Resplandece con tal fuerza,
que te mata y hiere.
Nunca expongas a tu alma.
Cuando herida se amilana, duerme.
Que despierte no hay manera.
Silenciosa se ensombrece.
De la luz desnuda escapa.
Bajo sombras se cobija.
Muere.
Es ceniza.
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