Saturday, January 27, 2007

Cuento de fantasía. ‘El poder de ella’. Inicio.

Hubo un tiempo en el que los seres nocturnos y los seres diurnos convivían.
Ella aparentemente era una viejecita frágil y vulnerable.
Cada día al punto del amanecer llegaba por el camino que venía del bosque hacía las puertas del castillo.
Sus servicios eran requeridos en todas las salas del castillo.
Luc era el príncipe. Un muchacho quisquilloso y larguirucho.
Aquella tarde Luc jugaba en la plaza con sus amigos. Habían terminado sus largas horas de estudio y entrenamiento.
De las cocinas del castillo les habían dado una vejiga de puerco y estaban jugando dándole puntapiés y cabezazos. Era un juego caótico que servía más bien para deshacer la tensión del tedioso día.
La anciana pasó entre los muchachos y en un golpe certero cayó al suelo. Llevaba en un hatillo las viandas que había recibido por sus servicios.
Luc rió y los otros le hicieron coro. Ella miró de soslayo, se levantó con dificultad y siguió su camino. A sus espaldas las mofas de los muchachos resonaban como campanas. Atravesó las puertas del castillo y cruzo el puente que cubría el foso. Doblada sobre si misma iba formulando palabras ininteligibles.
Luc cayó al suelo, su tez se tornó pétrea. Todo el mundo a su alrededor se quedó en tinieblas.
Un grito seco cruzó el cielo. Su madre que asomaba a mirar la puesta de sol vio como el impacto de un gélido rayo atravesaba el alma del muchacho…
Cayó el muchacho como atravesado por un rayo.
La vieja volvió la vista atrás y con un mohín miró a lo alto de la torre del homenaje dónde la reina había roto el retorno de las aves con su alarido.
Al cabo de días y semanas de no conseguir sanar al muchacho los habitantes del castillo se movían en penumbras, pues no osaban encender antorchas. Nadie lograba dar con remedios o paliativos para el mal que aquejaba al príncipe.
Una noche entre delirios y anegado en sudor sonaron palabras que venían del sueño. La madre interpretó los signos e hizo llamar a la anciana mujer.
No hubo que andar mucho en su busca pues se hallaba entre la servidumbre como era dado en ella.
Todo el mundo se hizo a un lado cuando ésta se irguió y con paso firme se aproximó al lecho del muchacho.
La reina miró implorando misericordia.
Ella no cambió su semblante y con mirada fiera miró a su alrededor. Nadie osó mirarla a los ojos. Era tal la fuerza que emanaba.
Enfocó sus dedos índice y anular, en un signo inequívoco de poder, a la testa del príncipe. Éste salió de su letargo.
Todo el mundo quedó sorprendido y encantado ante tal hecho.
Al incorporarse el muchacho ella habló con voz felina diciendo que sanaría si conseguía los tres frutos del árbol del Paraíso, las tres toronjitas de oro.
Para ello debería marchar sólo en su montura. Para ese viaje necesitaría siete hogazas de pan, siete cántaras de leche y siete ruecas de hilar.
Todo se dispuso tal como ella había dicho.
En los preparativos pasó desapercibida la anciana que de nuevo volvió a sus tareas cotidianas sin ser apenas advertida su presencia allí donde estuviera.

ESTE CUENTO SE IRÁ DESARROLLANDO EN ‘ENFOCANDO SENTIMIENTOS’

Posted by lletraferida at 20:34:04 | Permalink | Comments (1) »

Thursday, January 11, 2007

Un cuento fantástico

 

El rey y los higos mágicos.

Hete aquí que una vez hubo un rey que tenía una corona llena de diamantes, esmeraldas y trozos de madera.
No creáis que eso es extraño ya que hay una madera muy oscura y dura procedente de África y estimada como si de una joya se tratara. Estaba tallada en piezas diminutas e incrustada haciendo resaltar el brillo de las otras gemas.
Esta corona no pesaba nada, era ligera como el aire y además tenía unas perlas increíbles.
Niños y niñas, hombres y mujeres y ancianos bajaban al fondo del agua del mar par pedir a las ostras sus joyas estimadas.
Era una gente tan bondadosa que nunca se cerraban las ostras cuando sus manos se aproximaban.
Después de coger una perla ponían un granito de arena muy y muy pequeño para que pudieran volver a dejar su nácar a su alrededor.
Estas perlas eran: rojas, blancas, amarillas, lilas, grises. Claras y oscuras, no tanto como la madera del África milenaria, el ébano, y de muchos otros colores, como los del arco iris.
Este rey tenía una nariz tan pequeña, tan pequeña que nadie se la veía y todos creían que no tenía nariz.
Este rey tenía unos ojos tan pequeños, tan pequeños que la gente creía que no los tenía.
Este rey tenía una boca tan grande, tan grande que parecía Gargantua y creían que se los tragaría, pero no era así.
A este rey, cuando miraba: las estrellas, las montañas, las personas, la luna,… todas las cosas, sus ojos le crecían tanto que iluminaba todo a su alrededor.
A este rey, cuando olía las flores, los perfumes y cuando se constipaba le crecía la nariz, tanto que llenaba su cara y todo el mundo salía corriendo hacía su casa porque estaban espantados.
Como eran muy curiosos acababan mirando por el agujero de la chimenea.
A este rey , cuando comía, su boca se iba haciendo pequeña, tan pequeña que desaparecía.
Este rey era muy bondadoso, muy buena persona, pero nadie lo sabía.
Este rey comía la fruta de los árboles. Sobretodo le gustaba comer unos higos mágicos que daba una higuera del medio del bosque.
Aquellos higos le hacían crecer las piernas. Tenía tanta afición que comía a menudo y claro sus piernas habían crecido tanto que si las queremos dibujar no tenemos bastante espacio para hacerlo.
Cuando nuestro rey quería comer su fruto preferido tenía que agacharse con sumo cuidado porque el resto de su cuerpo era normal.
Nuestro rey tenía caballos, camellos y dinosaurios. También un ejercito con muchos soldados, pero nadie recordaba haber participado en ninguna batalla.
El ejercito de este reino organizaba fiestas y juegos florales.
Había mucha actividad en este país, pero ninguno soportaba la presencia de su rey. Estaban espantados y siempre salían huyendo.

Como nadie se atrevía a ponerse delante de él se sentía muy sólo y ya empezaba a padecerlo.
Un día un duende del bosque se dio cuenta de cuales eran los sentimientos del rey, de su tristeza, y empezó a seguir sus pasos.
Iba caminando detrás de él escondiéndose detrás de cualquier matojo, arbusto o árbol que hubiera por allí.
Al fin quiso llamar la atención del rey y pretendió asustarlo haciendo, “Buff”, pero el rey no se enteró pues era un sonido tan suave que los ruidos del bosque lo absorbieron. Así, pues, cogió su gorro y lo dejo caer desde lo alto de un árbol. Se oyó un sonido muy agradable y el rey se dio cuenta de su musicalidad. Era el cascabel que llevan los duendes en la punta de sus sombreros.
El rey empezó a buscar queriendo mirar, pero como sus ojos eran muy pequeños no veía nada. Conforme iba mirando se le iban haciendo más y más grandes y entonces se dio cuenta de la presencia del duende. Se espantó y cayó de culos. Quedó encogido y maltrecho en el suelo.
El duende intentó levantarlo, pero no había manera, no pudo. Reanimó al rey y le dio conversación intentando quitarle el miedo. Hablaron tanto que al final se hicieron amigos.
Como no podía hacer nada pensó ir en busca de sus amigos los niños y niñas del reino.
Se dirigió a la plaza del pueblo por la tarde, cuando ellos merendaban y jugaban todos juntos. Los llamó y ellos hicieron un círculo a su alrededor. Cuando les hubo explicado los hechos se espantaron. Lo hizo con toda una serie de gestos y danzas. Ya sabéis que los duendes son amigos de dar toda suerte de explicaciones con una gran diversidad de sonidos y gestualidades haciendo cabriolas y volteretas.
Los niños y niñas no querían atender a razones. No irían a hacer nada por el monstruo, es así como lo veían. El duende no paraba de explicar lo buena persona que era. Cuando les explicó como se había espantado y había caído del susto, unánimemente decidieron ir y ayudar.
Lo intentaron de muchas maneras, perro no lo pudieron conseguir.
Decidieron ir a buscar a sus padres y explicarles todo. Pidieron ayuda a los padres y las madres, pero éstos se quedaron espantados.. Cuando, después de muchos argumentos explicaron como se había asustado el rey del duende rieron y perdieron su miedo.
Fueron todos juntos a intentar levantar al rey. No lo consiguieron.
Desesperados y sin que nadie lo advirtiera se sentaron en círculo alrededor de su rey rogando a los buenos espíritus del bosque que les ayudaran.
Entonces ocurrió algo increíble y fantástico, las hadas y los duendes del bosque salieron dejando caer sobre todos ellos unos polvos mágicos.
Sucedió algo inesperado. El rey no era rey, era un hada preciosa. Todos quedaron boquiabiertos por la sorpresa tenida.
Aquel hada había sufrido un encantamiento de una mala que le tenía envidia porque quería ser más hermosa que ella y no lo podía resistir.

Posted by lletraferida at 18:52:07 | Permalink | Comments (2)

Sunday, January 7, 2007

Apátrida, perdida. El vacío, la nada.

A este mundo mirando desigualdad que te duele. La ciudad se cree el escaparate que ve. Si miras, ves. ¿Qué ves?
Ese niño en un bar.
Esa madre que entretiene el juego de seducción y descuida al chaval.
-Señorita, gracias
-Señora me hace mayor.
Dice ella.
Miras a ese niño que se mueve buscando atención.
Una mujer mayor, quizás no tanto. El alcohol y la soledad envejecen prematuramente, queman. No para de vocear buscando la atención de quien sea. Que si tal o cual música, todo le va.
Intentando tener vuestro momento. No se puede. Los estímulos te pueden. Te preguntas si es un antro. Ella adivina y dice que son las fechas, que hay gente que no sabe beber. No te convences. Sales escocida. Ese tío que se mueve en la barra y te sientes confundida, agredida, con su gesto. Ella media y rompe hielo. No te puede o quizás no lo sientes igual.
Antes, en la espera. Ella tenía que llegar y ansiosa esperabas en el andén como un pasmarote, quieta y de bajón.
Una mujer llegó y dijo, sin dar pie a decir que no, que dejaba sus bolsas para ir a por su billete. Allí las dejó y quedaste desconcertada sin saber bien si moverte o esperar. Esperaste. Comentaste, con inquietud, que no había cuidado, que nadie tocaría nada. Fue suficiente para que ella delegara te dejara al cuidado de sus cosas, así sin más. Entretanto te preguntas si es así su natural, que esa gente está acostumbrada a tratar de tú a tú y que aquí es lo normal. Sin embargo te incomoda.
Vuelve ella y acortando distancias se aproxima, no lo aceptas y te mueves a la espera de la llegada de tu amiga. Educada y con una amabilidad postiza sigues esa conversación forzada hasta que consigues marcar las distancias. Captas su mirada y su cotejo. Te sientes medida, ponderada. Reconoces que tu atuendo te distancia. Se rompe el contacto. Piensas sobre ello. No te gusta que te devuelva lo que no quieres pero has de asumir.
Puedes creer que no hay barreras, las hay. Se hace patente que tu porte y maneras te colocan en un estadio, clase media. Atributos que te asemejan a unos y te distancian de otros.

Volvisteis a salir por la noche y casualmente os encontrasteis con la amiga. No es casual. La decisión de salir y las vueltas dadas os llevaron al encuentro.
Al fin en uno de los garitos os sentasteis y hablasteis largo y tendido. Saltaron goznes de los que ella siempre contuvo.
La otredad de nuevo se hizo presencia. Esa mirada tuya de estar y no estar. Ese vagar por los aires. Ese captar y notar.
Ellas hablaban seguías sus meandros y observabas y te observabas. Ese es el espíritu que acompaña tu paso. Recibías las miradas y te sabías extraña, extranjera en tu propia tierra. Apátrida, perdida. El vacío, la nada.

Posted by lletraferida at 12:44:39 | Permalink | No Comments »

Mi vuelo

Mi vuelo
Pues mi vuelo es mío. El tuyo no ha de subordinarse, aunque quiera y me lamente de tu ausencia. Es necesario aceptar que así haya de ser, pues el amor en libertad ha de prevalecer. El camino que ahora empieza nuevas formas trazará. Aunque antes fuimos, nuevo reto se perfila. Interrumpido en el tiempo nuestro proceso quedó. De nuevo cara a cara. Algo queda. Construiremos futuro. Haremos presente de todo.

Las manos abiertas para recibirte, para darte un abrazo de bienvenida. Tengo las manos abiertas para no ahogarte, para no asirte con toda la fuerza deseada. Con ellas me encamino hacía ti, para darte la confianza necesaria.

No descuidaré tu libertad, mantendré la puerta abierta para que puedas salir o entrar.

No oprimiré con mis manos tus alas, para que no pierdan el gusto del vuelo. Para que siempre sepas que tu libertad es tuya, que si quedas o marchas, aceptaré, admitiré tus decisiones, pues son tuyas.

Y de esta manera tu y yo estaremos siempre que así sea querido, siempre que así lo queramos, siempre que así lo sepamos.

Si me duelo de tu ausencia, mi dolor reforzará mi voluntad. Agrandará mi libertad.

 

Posted by lletraferida at 06:58:14 | Permalink | No Comments »