Monday, February 26, 2007

Ecos o voces

Aproximarse
Ésta es la necesidad
Llegar al tacto
Tocar y que te toquen
Sentir los ecos
Voces y sonidos
Delatoras de lo humano
A través de sus canales
Auditivos y visuales
Emisor y transmisor
De mensaje que aproxima y acompasa
Cerrar los ojos
Sin mirar
Ver
Cada línea
Dibujada por el alma
Llamémosle como queramos
Se inventaron las palabras para concretar las cosas
Nos debatimos delante de ellas
A la hora de la verdad
Usamos el gesto
Para declarar los mayores principios y deseos
Repetimos una y mil veces
Creemos en nuestra sinceridad
Mudamos a lo largo de espacio y tiempo
Desprenderse
Uso poco ejercitado
Con buenas palabras nos damos
Con gestos rotundos nos retiramos
Es ritual y pantomima
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Sunday, February 25, 2007

Juego…

Fue un juego inocente, en principio así le parecía. Lanzo un reto. De aquellos que son mero coqueteo. La cosa se fue enredando poco a poco. Al final tomo tal volumen la cosa que las partes andan trastabillando por las esquinas de la virtualidad.
Magnificando al oponente, a quien al otro lado está.
Tomó tal cuerpo la cosa que aún ausentes se sienten presentes.
Son los nuevos amantes. Los que sienten  se sienten. Los que frente a una cruda realidad han de recular.
Proyectos de vida caducos prevalecen ante lo que no se sabe afrontar.
Irán pegando tumbos de aquí para allá. No hay normas prescritas. Son los controles internos que del grupo social hacen horma. Amordazando el aire que en principio ventilaba las almas que en encuentro se sentían unidas.
Vivir, a veces, se hace doloroso. Renunciar y enmarañar lo que en otro orden de cosas podría fructificar.
 
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Sunday, February 18, 2007

Dulce y…

Tras aquel encuentro apasionado en el camino ella y él mantuvieron un largo romance.
Marcelo, que así se llamaba él, la lleno de alegría. Siempre que se encontraban ardía el fuego de amor y deseo.
Dulce cuando estaba sola y pensaba en él sentía el gorgoteo de su sangre que a trompicones la excitaba. Bastaba formularse su nombre, con eso bastaba. Húmeda como la escarcha del amanecer y turgente. No le era necesario manipular. Le bastaba cerrar sus ojos y pensarlo para sentirlo dentro y galopar.
Nunca se sabía por anticipado cuando se verían. Dejaron a la suerte los encuentros. No quedaban de hoy para mañana ni concretaban nada que no fuera dejarse llevar en el instante que les era dado.
Ella no padecía la angustia de si lo vería o no.
Llevaba su ritmo habitual. Él ya se dejaría ver y eso sería lo más.
Siguió con sus cosas, pero ahora todo el mundo giraba a su paso y se sentía mirada. Irradiaba aquello que sin saberse atrae al resto. Estaba enamorada. Se quedaba encandilada viendo el mundo que la rodeaba como si de nuevo delante de ella pasara. Amable y contenta. Los colores se vivificaban y ello aún le daba mayor impulso cuando caminaba.
Su mente vagaba. Tan lindo romance la tenía embargada.
A veces su mente le jugaba la mala pasada, temía perder el gusto por él.
Era en cualquier lugar, en cualquier momento que Marcelo asomaba y todo lo que ofuscara su mente perdía peso. A él se entregaba. Tocaba el cielo con la punta de los dedos y ello bastaba.
Así fueron pasando los días. Un mes tras otro.
Llegó el verano y decidieron hacer un viaje para conocerse mejor.
Hasta entonces no habían hablado de las cosas cotidianas, de lo práctico de las cosas.
Habían hablado de fantasías y sueños. Muchos recuerdos de infancia compartió con él.
Aquellas pesadillas que en la noche la asaltaran desaparecieron.
Allí fue, en aquel viaje, donde las cosas perdieron su ritmo. Nunca antes habían vivido juntos.
Estar a expensas del otro la traía por el camino de la amargura. Se había hecho a sí misma y, acostumbrada a no tener que conciliar con nadie los pasos que había de dar, le molestaba sobremanera la situación. Por otra parte era tanto lo que de él se daba en ella que le costaba pensarse de nuevo en un estar como el de antes. También sabía que los sueños no son dados a darse y él venía de un sueño hecho realidad. Amar era el verbo más de difícil de llevar a la realidad.

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Saturday, February 17, 2007

Dulce. Un relato… (y más)

Después del encuentro ella sintió la vergüenza de quien sin saberse dueño se deja llevar por ese impulso primero que todo lo conduce y que nadie desvela.
Pudiera creerse que había sido sometida sin más. Ella sabía que había consentido y que hay cosas que sin decirse funcionan así.
¿Cómo pues se había entregado sin siquiera mirarlo?
Todos los sentidos se habían abierto, sobre todo el del olfato. Como cualquier animal, había sentido el reclamo o quizás ella misma había emitido sobre el aire aromas que incitaran y llamaran a ese lance.
Recogida en sus brazos, plácidamente unida a él movía en su mente ideas vagas de remordimiento.
Ahora sí, le miraba a los ojos y se perdía en ellos como en una fuente de agua que borbotea.
Asida por la fuerza de los viriles brazos se siente segura, no duda.
Él es quien en sus sueños la cobija. ¿Cómo es que le es dado tan grato placer? ¿Cómo de sus sueños se viene acercando a su piel?
Que el sueño no es vida, que la vida sueño es. Desconcertada articula un gesto. Palabras no salen. Sonríe a su boca recogiendo un beso que él le provoca.

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Dulce. Un relato… (Continuación)

Iba distraída en sus ensoñaciones cuando de pronto se percató de que alguien la observaba.
Algo le hizo pensar en aquella sensación que en la noche la embargara.
Tembló sin saber por qué, y se mantuvo rígida en su paso pausado pero ya no relajado.
Él, sabía que era un hombre que tras ella andaba, seguía sus pasos de cerca.
Casi sentía un hilillo de aire que se posaba en su nuca.
Un escalofrío recorrió y templó su cuerpo.
Sintió un cosquilleo interno que le confundió.
Algo vislumbró desde las tripas y no desde el cerebro.
Algo sensual que abría su cuerpo.
Nunca antes se abriera.
Empezó a recordar el pasmo de ser atravesado por la daga, y supo que él era quien venía presto a darle aquel deleite que sin saber buscaba.
Supo que sería el encuentro que su alma vacía y perdida buscaba desde hacía tiempo.
Se sintió enamorada. No era necesario más, bastaba escuchar los ecos que desde sus sienes le dictaban que era él y no otro quien el destino le deparaba.
Sintió la fuerza del viento y el batir de la ola. Sintió mariposas locas que en su estómago cabrilleaban.
No miró a quien la tomaba y amaba. Ahora sí, sintió el gran empuje que por su parte virginal se introducía suavemente y decidido. Él la amaba y eso bastaba.
Perdió de vista el suelo, por el aire flotaba. Sentía venir su aliento en la cara. Abrazo fuerte la estrechaba. Chasquido estalló en su pecho. Alarido soltó su alma.
En sus brazos anhelante otra esbrencida esperaba. Gemía como una loba. Gritaba y lloraba.
Susurrole palabras dulces. Amante era y la tomaba.

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Dulce. Un relato…

Dulce se paseaba por un camino solitario. A decir de quien la viera era un personaje ambiguo.
De niño todo el mundo creía que era una niña y a él se referían como a tal.
He dicho la y no me equivoco. Después del claroscuro de la adolescencia decidió que el territorio de ellas era más fecundo y liberal. No había exigencias conforme a normas que a los hombres implicaban.
Sabía que había territorios donde podría medrar. Se creo un cubículo propicio a su libertad.
A veces, mientras dormía, un rayo gélido atravesaba su espinazo. Despertaba sin saber que imágenes habían obrado ese terror en la noche.
Tuvo amigos y amigas que llegaron a intimar con él/ella. Los hubo que magnificaron sus maneras femeninas y quienes le reclamaran tomara el camino de retorno a una identidad supuesta, la de la masculinidad.
Él fijo sus sentidos en soñarse y manifestarse tal cual. Que ni mujer ni hombre sería pero en la identificación su carnet de identidad era de varón. Solía vestir de esa manera que muchas lesbianas adoptan y en ese entorno nadie le miraba raro.
Sus facciones eran finas, sus dedos largos con unas uñas cortas bien cuidadas.
Se presentaba a la gente como dama. Tenía una sensibilidad que rezumaba por los poros de su piel.
Amantes los tenía. No añoraba funciones de esposa. Las esposas eran las otras. Aquellos con quien estuviera se aficionaron e hicieron adictos a su persona.
Con ellas era diferente. Normalmente se enredaba con lesbianas, aquellas que van de femeninas y coquetas. No tenía problemas.
De las artes amatorias intuía las maneras suficientes para llegar donde la otra quisiera. En el momento más íntimo sabía que no se le rechazaba. El enviste de su miembro viril, hermoso y turgente, se enfilaba en busca de la gema flameante que llamaba a su reclamo.
Ellas callaban frente a las que no sabían. No dudaban que era una buena prenda lo que él ocultaba y no sería a su favor andarse con la información no fuera que las otras, las puras, obraran en contra y se le hiciera boicot.
Entre los chicos de ambiente la cosa iba rodada. La sorpresa era que aunque aparentara maneras era dador y no receptor.

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Friday, February 16, 2007

Retorno al cálido cubículo de la madre natura

En el ángulo oscuro de su mente estaba ella. Seguía su rastro, como perro de caza usaba el olfato.
Sangre, quería sangre. No la que como líquido elemento alimenta la carne. Quería su alma. Seguía sus pasos a través de la nada.
Él nunca antes había sentido aquel golpe frío que ataca en la sien.
Por ella lo hizo. Construyo un enjambre de ideas perdidas. Preparó su trampa. Esperanza, esa era la traza.
Ella no salía. Seguro se olía la treta trazada. De amores y goces la vida regala. Ave de un día. Renace la calma. La vida se aviva. De aquella llama ahogada resurge con ímpetu y reclama su aliento.
Él quisiera, quiere, abarcarla. Acaso el aire del viento se guarda en frascos de formol para un relicario o viejo recuerdo, pues no. Así es ella, es viento y reflejo. Como el de la Luna que en la noche se baña junto a la cuna del hombre que quiere volver al grato cobijo de vientre naciente de la primigenia mater, animus mundi suum.

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Friday, February 9, 2007

En el andén esperando…

Siempre escogía un banco soleado y quedaba a la espera del paso de los trenes. Saludaba y despedía con un gesto de la mano, con tal intensidad que cualquiera diría que alguien del otro lado le respondía.
Cada tarde recorría el trayecto que le llevaba de la casa a la estación saludando a los vecinos de manera natural.
Entre ellos con guiños se miraban.

- Pobrecito, cada día. Haga frío o calor. Allí va.

La conciencia de su inconsciencia le decía que debía disimular pues sabía de los gestos y miradas que le hacían.
Así fue cada día.
Aquella mañana certera Luigi sintió el deseo, compró billete de ida a la ciudad.
Se acercó a la taquilla. Todo el mundo se miraba, en el bar. Con el codo, en disimulo, se avisaban.

- Ves lo que ven mis ojos.
- Eso parece.
- Ha cambiado la rutina.
-¿Adónde se irá?

Ella y él se han encontrado en la mirada de la imagen especular.
Cada día ella asomaba a su ventana y por arte del reflejo en el espejo sucedía que aparecía a sus ojos del otro lado de la ventanilla del tren. Curiosamente él la veía como si de viajera en su asiento se tratara. También, por casualidad, su mirada le encontraba sintiendo la profundidad.

- Dorita, sal de allí.
- Qué manía tienes en asomarte a la ventana cuando pasa el tren.
- Que no ves que te entretienes.
- Mamá, espera.
- Haz el favor y ven.
- Sí, ya vengo.

Entretiene un rato más, a la espera de verlo.
No está. Su corazón en un brinco y el rubor de excitación. Ha mudado su color. Palidece. Pierde pie y se desvanece.

- Niña, venga que haremos tarde.
- Ay, señor. ¿Qué tienes?
- Dorita. ¿Qué te pasa?

La madre reanima a la muchacha, que aturdida farfulla palabras y sonidos inconexos.
Ese encuentro deseado a él le había llevado al acto. Quiso subir a ese tren para contactar con ella y decirle aquellas cosas que en sueños le decía. Que la quería por sobre todas las cosas. Que era su vida entera. Que así lo sabía.
Sube al tren y desde el pasillo del vagón ve ese banco vacío, donde él cada día había vivido.
Busca allí donde cree que ella está, justo frente al banco que acaba de abandonar.

-Hola

Saluda un viajero que allí está.
Se siente observado, mirado.
Ese hombre lleva en su mano una pipa que no humea.

-Ya no fumo.
-Hace tiempo, tanto que si la tengo en la mano huelo y recuerdo como el humo en el pasado acompañó mi silencioso meditar.

Luigi es educado y corresponde al saludo.
En un instante, cuando arranca el tren de nuevo reconoce un atisbo, una sombra, de algo y se estremece.
No puede devanar pensamientos pues topa con un compañero de viaje que le entretiene con las idas y venidas de su charla.

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Thursday, February 8, 2007

¿Por qué me da por escribir poemas?

Vengo a decirme que razón es la que alimenta la vena de hacer poemas.
No hay razón de la lógica. Es desmesura que ocupa invadiendo mi mente en los últimos días.
Emociones que rebrotan anonadando mi ser. Machacando el sentido recordando sinsentidos.
No me siento dada al arte de la versificación. A veces suena la flauta y recorro el grafo sin control. Repaso las líneas que hormiguean en pantalla y recoloco los versos y pienso, ¿cuantos verbos? ¿Qué he de hacer si mi estilo es verbificar las cosas y accionarlas así?
Se me sugieren remiendos y a ellos me dirijo. No encuentro equilibrios. Olvido acentuar. La acentuación no me la arregla el word. ¿Qué sabe él de lo que pienso, si presente o pasado en la forma que acomodo en el párrafo?
Me disculpo para mí en que los que publican no son quienes controlan la grafía de la ortografía.
Me apunto mil chorradas en libretas, hojas sueltas o cuadernos, con una letruca fina que ni yo después encuentro.
De las comas, no digamos. Qué dilema del sentido que le da una aquí u otra allá.
Lo importante y principal es dejar la mente volar y cazarlas al vuelo no es fácil si te atienes a tiesuras de ornamentos gramaticales.
Un saludo compañeros y compañeras de letrucas que desde el octubre por aquí me muevo y aunque poco se me diga yo lo magnificencio.

Este texto lo he escrito dirigiéndome a los compañeros y compañeras de tusrelatos. Ellos y ellas me acompañan y han seguido en la lucha con la letra durante todo este tiempo.

Anduve colocando textos alentanda en mis impulsos escribidores gracias a ellos y a ellas. Sus comentarios, su presencia son y serán el mayor acicate para que me lance al reto de escribir.

Empecé con las ganas de desarrollar narrativa. Los relatos cortos son, en la literatura, lo que más me sugiere. Los poemas, ni paraba en ellos. Ahora sucede que desangro en mis versos.

La consciencia de saberse escuchado hace que tenses el arco y dispares la saeta certera al centro mismo del alma.

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Wednesday, February 7, 2007

Remembranzas y textos que se abren paso…

Limitaciones…
He subido a la cola del caballo en dos momentos de mi vida. En el tercero no pasé de las gradas de Soaso.
No podré subirlas con mis piernas. Años atrás te subían a lomos de un burro. Mis rodillas padecen, no puedo hacer nunca más montaña.
Puedo soñar. En el sueño estaré en ellas todos los viajes que quiera realizar.
Ya he estado en aquellos lugares que han tirado y se volverán parque.
Evoco recuerdos, eso es lo que saco.

Tristemente…
Cuando la vida golpea con su mazo vital y quieres silencio todas aquellas cosas que ríen se convierten en martillos que asestan sus golpes contra tus sienes.

Chocolatada…
Cada día hablo con mis padres. Hoy se me han puesto los dientes largos. Añoranzas.
En fecha como la de hoy se suele juntar la gente para tomar chocolate caliente con algún tipo de torta. La tradición de las águedas, el que tiempos atrás se celebraba como día de las mujeres.
Cuando era jovencita íbamos al baile y ese día nos resarcíamos del resto del año. Nosotras sacábamos a los chicos a bailar. Era raro que uno te dijera que no, más bien lo estaban deseando.
Mis amigas y yo éramos muy bailongas. Todos los domingos pasábamos horas acicalándonos para la tarde de baile. Hubo momentos placenteros. Dada nuestra juventud y los tiempos que corrían aquella era la opción más divertida.
No teníamos la edad suficiente para entrar a l baile y por ello íbamos pintarrajeadas, para aparentar los años que no teníamos. Alguna vez nos comimos las ganas. La segunda opción era ir al cine. Si no nos apetecía nos dedicábamos a pasear, coso arriba y coco abajo. Te cruzabas con conocidos y conocidas y charrando aquí y allá se te iba pasando el rato. Fantaseábamos con todo.
Fue en Lérida, un mes de Julio, que descubrí el gusto por el baile. El gusto por la música. Con una prima de veinte años que me introduje en el jolgorio de las tardes de domingo. El estar rodeada de chicos que te agasajaban con solicitud. Eran corteses, amables y divertidos.
Las mordidas del amor todavía no habían hecho mella en nosotras.
En ese estado de cosas se disfruta muchísimo. No eres juguete de nadie. Ni nadie está pendiente de tí.
Mi prima pronto me busco un amiguete bailador para que no le chafara las tardes, Miguel era un chico que sabía de todo lo moderno que en ese momento sonaba. Eran los años de Rafael y Adamo. Con él aprendí a bailar y el gusto por el baile. Como era tan moderno y amanerado la gente hablaba a sus espaldas diciendo si era marieta, yo como era una cría se lo champé. Se enfadó. Me dolió muchísimo su reacción. En otro viaje, siendo más mayor lo visité y él apenas si lo recordaba. A mí me marcó, se me destrozó el corazón. Era hermoso tener un amigo en quien confiar y pasarlo bien. Era cría pero grandota, aparentaba la edad que no tenía. Ahora bien. a la que abría la boca metía la pata.

Recuerdos…
Vuelven a mí, de nuevo los recuerdos del pasado.
Mi padre siempre ha tenido afición a pescar. Cuando era jovencita me iba con él al campo.
Cuando manifestaba su intención de marchar un rato a pescar, después de comer, yo preparaba mi libro, un cuaderno y un bolígrafo. Marchábamos, muchas tardes de verano, a eso de las cuatro de la tarde.
Dallan, nuestro perro, siempre se subía al coche el primero. Cuando mi padre lanzaba el sedal el perro se tiraba detrás, al agua. Era mi perro, yo lo había criado dándole leche de muy chiquitín; sin embargo él no reconocía otro amo que mi padre.
Hoy mi padre es un anciano vital y dulce. En aquellos tiempos era un hombre al que no se lo tragaba el mundo. Tenía la fuerza que no he visto en nadie más.
Reconozco que el hombre era machista, como todos los de su entorno. De pueblo pequeño, de la tierra. La verdad es que me marcó muchísimo. Supongo que luchar contra él me hizo fuerte.
Volviendo a lo que me ocupa. Íbamos a pescar, él se movía por aquí y por allá, yo quedaba a la sombra de alguno de los muchos árboles que había a la orilla del río me ponía a leer o estudiar. Se me iba la cabeza a las musarañas, quedaba encantada con el gorgoteo del agua zumbido de las moscas. Había un ambiente seco y cálido que tostaba la piel. A él siempre le gustó el calor extremo, en él se siente saludable y fuerte. Reconozco que en aquel tiempo yo no me sentía molesta con aquellos calores.
Se producía el chispazo mágico y de pronto me veía escribiendo largos textos poéticos. Ninguno de ellos ha llegado hasta aquí. Retuve entre cajones páginas que de leer y releer desacredité y destruí. Proceso, todo es proceso, me quedo con ello.
Hubo un amigo que leía y al que leía los escritos. Parece que lo recuerdo. Fue en aquel momento en que no conforme con la vida que estaba planificando corté con todo y decidí luchar por hacerme autónoma. Por no estar ligada a nada ni a nadie. No fue fácil, nada fácil, todavía estoy en ello.

La vida a veces te trae de la mano el mejor de los regalos. Tengo hoy en mis manos una fotografía, copia, de aquellos años que aquí recordaba. Era Ángel. Verle a mi lado me ha hecho recordar que fue el primer amigo de verdad, aquel por el que no había confusión ni deseo. Fui su confidente. Hubo un tiempo, ese tiempo en que él, yo y dos más estábamos siempre juntos. La hija de una de ellas ha venido por mi escuela a hacer prácticas y hoy me ha traido tan grato recuerdo. su madre se lo ha dado para mí.

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