Remembranzas y textos que se abren paso…

Limitaciones…
He subido a la cola del caballo en dos momentos de mi vida. En el tercero no pasé de las gradas de Soaso.
No podré subirlas con mis piernas. Años atrás te subían a lomos de un burro. Mis rodillas padecen, no puedo hacer nunca más montaña.
Puedo soñar. En el sueño estaré en ellas todos los viajes que quiera realizar.
Ya he estado en aquellos lugares que han tirado y se volverán parque.
Evoco recuerdos, eso es lo que saco.
Tristemente…
Cuando la vida golpea con su mazo vital y quieres silencio todas aquellas cosas que ríen se convierten en martillos que asestan sus golpes contra tus sienes.
Chocolatada…
Cada día hablo con mis padres. Hoy se me han puesto los dientes largos. Añoranzas.
En fecha como la de hoy se suele juntar la gente para tomar chocolate caliente con algún tipo de torta. La tradición de las águedas, el que tiempos atrás se celebraba como día de las mujeres.
Cuando era jovencita íbamos al baile y ese día nos resarcíamos del resto del año. Nosotras sacábamos a los chicos a bailar. Era raro que uno te dijera que no, más bien lo estaban deseando.
Mis amigas y yo éramos muy bailongas. Todos los domingos pasábamos horas acicalándonos para la tarde de baile. Hubo momentos placenteros. Dada nuestra juventud y los tiempos que corrían aquella era la opción más divertida.
No teníamos la edad suficiente para entrar a l baile y por ello íbamos pintarrajeadas, para aparentar los años que no teníamos. Alguna vez nos comimos las ganas. La segunda opción era ir al cine. Si no nos apetecía nos dedicábamos a pasear, coso arriba y coco abajo. Te cruzabas con conocidos y conocidas y charrando aquí y allá se te iba pasando el rato. Fantaseábamos con todo.
Fue en Lérida, un mes de Julio, que descubrí el gusto por el baile. El gusto por la música. Con una prima de veinte años que me introduje en el jolgorio de las tardes de domingo. El estar rodeada de chicos que te agasajaban con solicitud. Eran corteses, amables y divertidos.
Las mordidas del amor todavía no habían hecho mella en nosotras.
En ese estado de cosas se disfruta muchísimo. No eres juguete de nadie. Ni nadie está pendiente de tí.
Mi prima pronto me busco un amiguete bailador para que no le chafara las tardes, Miguel era un chico que sabía de todo lo moderno que en ese momento sonaba. Eran los años de Rafael y Adamo. Con él aprendí a bailar y el gusto por el baile. Como era tan moderno y amanerado la gente hablaba a sus espaldas diciendo si era marieta, yo como era una cría se lo champé. Se enfadó. Me dolió muchísimo su reacción. En otro viaje, siendo más mayor lo visité y él apenas si lo recordaba. A mí me marcó, se me destrozó el corazón. Era hermoso tener un amigo en quien confiar y pasarlo bien. Era cría pero grandota, aparentaba la edad que no tenía. Ahora bien. a la que abría la boca metía la pata.
Recuerdos…
Vuelven a mí, de nuevo los recuerdos del pasado.
Mi padre siempre ha tenido afición a pescar. Cuando era jovencita me iba con él al campo.
Cuando manifestaba su intención de marchar un rato a pescar, después de comer, yo preparaba mi libro, un cuaderno y un bolígrafo. Marchábamos, muchas tardes de verano, a eso de las cuatro de la tarde.
Dallan, nuestro perro, siempre se subía al coche el primero. Cuando mi padre lanzaba el sedal el perro se tiraba detrás, al agua. Era mi perro, yo lo había criado dándole leche de muy chiquitín; sin embargo él no reconocía otro amo que mi padre.
Hoy mi padre es un anciano vital y dulce. En aquellos tiempos era un hombre al que no se lo tragaba el mundo. Tenía la fuerza que no he visto en nadie más.
Reconozco que el hombre era machista, como todos los de su entorno. De pueblo pequeño, de la tierra. La verdad es que me marcó muchísimo. Supongo que luchar contra él me hizo fuerte.
Volviendo a lo que me ocupa. Íbamos a pescar, él se movía por aquí y por allá, yo quedaba a la sombra de alguno de los muchos árboles que había a la orilla del río me ponía a leer o estudiar. Se me iba la cabeza a las musarañas, quedaba encantada con el gorgoteo del agua zumbido de las moscas. Había un ambiente seco y cálido que tostaba la piel. A él siempre le gustó el calor extremo, en él se siente saludable y fuerte. Reconozco que en aquel tiempo yo no me sentía molesta con aquellos calores.
Se producía el chispazo mágico y de pronto me veía escribiendo largos textos poéticos. Ninguno de ellos ha llegado hasta aquí. Retuve entre cajones páginas que de leer y releer desacredité y destruí. Proceso, todo es proceso, me quedo con ello.
Hubo un amigo que leía y al que leía los escritos. Parece que lo recuerdo. Fue en aquel momento en que no conforme con la vida que estaba planificando corté con todo y decidí luchar por hacerme autónoma. Por no estar ligada a nada ni a nadie. No fue fácil, nada fácil, todavía estoy en ello.
La vida a veces te trae de la mano el mejor de los regalos. Tengo hoy en mis manos una fotografía, copia, de aquellos años que aquí recordaba. Era Ángel. Verle a mi lado me ha hecho recordar que fue el primer amigo de verdad, aquel por el que no había confusión ni deseo. Fui su confidente. Hubo un tiempo, ese tiempo en que él, yo y dos más estábamos siempre juntos. La hija de una de ellas ha venido por mi escuela a hacer prácticas y hoy me ha traido tan grato recuerdo. su madre se lo ha dado para mí.