Dulce. Un relato… (y más)
Después del encuentro ella sintió la vergüenza de quien sin saberse dueño se deja llevar por ese impulso primero que todo lo conduce y que nadie desvela.
Pudiera creerse que había sido sometida sin más. Ella sabía que había consentido y que hay cosas que sin decirse funcionan así.
¿Cómo pues se había entregado sin siquiera mirarlo?
Todos los sentidos se habían abierto, sobre todo el del olfato. Como cualquier animal, había sentido el reclamo o quizás ella misma había emitido sobre el aire aromas que incitaran y llamaran a ese lance.
Recogida en sus brazos, plácidamente unida a él movía en su mente ideas vagas de remordimiento.
Ahora sí, le miraba a los ojos y se perdía en ellos como en una fuente de agua que borbotea.
Asida por la fuerza de los viriles brazos se siente segura, no duda.
Él es quien en sus sueños la cobija. ¿Cómo es que le es dado tan grato placer? ¿Cómo de sus sueños se viene acercando a su piel?
Que el sueño no es vida, que la vida sueño es. Desconcertada articula un gesto. Palabras no salen. Sonríe a su boca recogiendo un beso que él le provoca.
Pudiera creerse que había sido sometida sin más. Ella sabía que había consentido y que hay cosas que sin decirse funcionan así.
¿Cómo pues se había entregado sin siquiera mirarlo?
Todos los sentidos se habían abierto, sobre todo el del olfato. Como cualquier animal, había sentido el reclamo o quizás ella misma había emitido sobre el aire aromas que incitaran y llamaran a ese lance.
Recogida en sus brazos, plácidamente unida a él movía en su mente ideas vagas de remordimiento.
Ahora sí, le miraba a los ojos y se perdía en ellos como en una fuente de agua que borbotea.
Asida por la fuerza de los viriles brazos se siente segura, no duda.
Él es quien en sus sueños la cobija. ¿Cómo es que le es dado tan grato placer? ¿Cómo de sus sueños se viene acercando a su piel?
Que el sueño no es vida, que la vida sueño es. Desconcertada articula un gesto. Palabras no salen. Sonríe a su boca recogiendo un beso que él le provoca.