Saturday, February 17, 2007

Dulce. Un relato… (y más)

Después del encuentro ella sintió la vergüenza de quien sin saberse dueño se deja llevar por ese impulso primero que todo lo conduce y que nadie desvela.
Pudiera creerse que había sido sometida sin más. Ella sabía que había consentido y que hay cosas que sin decirse funcionan así.
¿Cómo pues se había entregado sin siquiera mirarlo?
Todos los sentidos se habían abierto, sobre todo el del olfato. Como cualquier animal, había sentido el reclamo o quizás ella misma había emitido sobre el aire aromas que incitaran y llamaran a ese lance.
Recogida en sus brazos, plácidamente unida a él movía en su mente ideas vagas de remordimiento.
Ahora sí, le miraba a los ojos y se perdía en ellos como en una fuente de agua que borbotea.
Asida por la fuerza de los viriles brazos se siente segura, no duda.
Él es quien en sus sueños la cobija. ¿Cómo es que le es dado tan grato placer? ¿Cómo de sus sueños se viene acercando a su piel?
Que el sueño no es vida, que la vida sueño es. Desconcertada articula un gesto. Palabras no salen. Sonríe a su boca recogiendo un beso que él le provoca.

Posted by lletraferida in 18:19:13 | Permalink | No Comments »

Dulce. Un relato… (Continuación)

Iba distraída en sus ensoñaciones cuando de pronto se percató de que alguien la observaba.
Algo le hizo pensar en aquella sensación que en la noche la embargara.
Tembló sin saber por qué, y se mantuvo rígida en su paso pausado pero ya no relajado.
Él, sabía que era un hombre que tras ella andaba, seguía sus pasos de cerca.
Casi sentía un hilillo de aire que se posaba en su nuca.
Un escalofrío recorrió y templó su cuerpo.
Sintió un cosquilleo interno que le confundió.
Algo vislumbró desde las tripas y no desde el cerebro.
Algo sensual que abría su cuerpo.
Nunca antes se abriera.
Empezó a recordar el pasmo de ser atravesado por la daga, y supo que él era quien venía presto a darle aquel deleite que sin saber buscaba.
Supo que sería el encuentro que su alma vacía y perdida buscaba desde hacía tiempo.
Se sintió enamorada. No era necesario más, bastaba escuchar los ecos que desde sus sienes le dictaban que era él y no otro quien el destino le deparaba.
Sintió la fuerza del viento y el batir de la ola. Sintió mariposas locas que en su estómago cabrilleaban.
No miró a quien la tomaba y amaba. Ahora sí, sintió el gran empuje que por su parte virginal se introducía suavemente y decidido. Él la amaba y eso bastaba.
Perdió de vista el suelo, por el aire flotaba. Sentía venir su aliento en la cara. Abrazo fuerte la estrechaba. Chasquido estalló en su pecho. Alarido soltó su alma.
En sus brazos anhelante otra esbrencida esperaba. Gemía como una loba. Gritaba y lloraba.
Susurrole palabras dulces. Amante era y la tomaba.

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Dulce. Un relato…

Dulce se paseaba por un camino solitario. A decir de quien la viera era un personaje ambiguo.
De niño todo el mundo creía que era una niña y a él se referían como a tal.
He dicho la y no me equivoco. Después del claroscuro de la adolescencia decidió que el territorio de ellas era más fecundo y liberal. No había exigencias conforme a normas que a los hombres implicaban.
Sabía que había territorios donde podría medrar. Se creo un cubículo propicio a su libertad.
A veces, mientras dormía, un rayo gélido atravesaba su espinazo. Despertaba sin saber que imágenes habían obrado ese terror en la noche.
Tuvo amigos y amigas que llegaron a intimar con él/ella. Los hubo que magnificaron sus maneras femeninas y quienes le reclamaran tomara el camino de retorno a una identidad supuesta, la de la masculinidad.
Él fijo sus sentidos en soñarse y manifestarse tal cual. Que ni mujer ni hombre sería pero en la identificación su carnet de identidad era de varón. Solía vestir de esa manera que muchas lesbianas adoptan y en ese entorno nadie le miraba raro.
Sus facciones eran finas, sus dedos largos con unas uñas cortas bien cuidadas.
Se presentaba a la gente como dama. Tenía una sensibilidad que rezumaba por los poros de su piel.
Amantes los tenía. No añoraba funciones de esposa. Las esposas eran las otras. Aquellos con quien estuviera se aficionaron e hicieron adictos a su persona.
Con ellas era diferente. Normalmente se enredaba con lesbianas, aquellas que van de femeninas y coquetas. No tenía problemas.
De las artes amatorias intuía las maneras suficientes para llegar donde la otra quisiera. En el momento más íntimo sabía que no se le rechazaba. El enviste de su miembro viril, hermoso y turgente, se enfilaba en busca de la gema flameante que llamaba a su reclamo.
Ellas callaban frente a las que no sabían. No dudaban que era una buena prenda lo que él ocultaba y no sería a su favor andarse con la información no fuera que las otras, las puras, obraran en contra y se le hiciera boicot.
Entre los chicos de ambiente la cosa iba rodada. La sorpresa era que aunque aparentara maneras era dador y no receptor.

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