Saturday, November 17, 2007

No hago texto complaciente. De mis letras no lo esperes.

Ese zumbido golpea mi frente. Otros ruidos acompañan mi silencio. He llegado a este punto. Cerraría para siempre. La decepción duele. Crece por momentos. No me aguanto dentro. Mi cuerpo se resiente. He tenido unos días de cansancio que me han dejado sin resuello.

¿Cómo es posible que las frustraciones dañen tanto?

Altibajos que se resienten en un cuerpo que siente el dolor de la mitad cefálica y que incluso el maxilar manifiesta.

Todos estos días, al caer la tarde, avanza sobre mi débil carne la migraña que anula.

Desmoralizada, a momentos, busco uno u otro entretenimiento.

Escribirlo, ¿para qué?

No encuentro ya razones para seguir. Sin embargo no paro en lanzar sobre el teclado las pulsiones que, a pesar de sentirse en la nada más absoluta, me reclaman.

No diré todo lo que pienso, porque al tiempo no lo pienso, ni siquiera lo siento.

No sé realmente que hago perdiendo por aquí el tiempo.

Hay días que las luces se confabulan para cerrarse en círculo y eludirme.

Otros parece que la esperanza apunta a la alegre serenata apaciguadora que del alma fluye.

Irregulares maneras.

No es baladí, hay un proceso de duelo en todo lo que se pierde, y yo perdí.

Me muevo por rincones supuestos que para nada me reconocen.

Muy temprano pensé en lo que nos trae a escribir. Mi conclusión no fue buena. Es un grupúsculo que entre fantasmales formas creemos forma parte de un vivir.

Sin embargo no encuentro otra opción para mi mal vivir.

Vengo apuntando sobre las teclas lo que dicta una mente oclusa que se impone en este momento.

Me cuesta seguir el tiempo. Lo quemo en esto.

No tengo ganas de nada. De nada en absoluto.

Hecho de menos cosas que no he tenido y pienso, con esa mente que fabula, he tenido alguna vez.

Falsamente he recreado en mi mente supuestos que no son otra que la fantasía en la que sé muy bien nunca viví.

Textos tan magros harán pensar, de manera equívoca sobre mi persona. La oscura se manifiesta en esta tarde fría en que el cuerpo sufre la batida de algún virus que provoca alucinada zozobra y si no duermes te entretienes resiguiendo en los bucles el aleteo de esta mariposa que inspira un pensamiento, aunque éste no sea más que mal agorero.

La cuestión es hacer salir esa bilis que entretiene el vacío de las horas de ese tiempo intempestivo que de pasado se forma.

Tu texto así es, no lo puedes contener.

Después, inevitablemente, lo expones a los ojos de otras mentes para que de alguna digan o no, para alejarlo de tu lado como si de una lavativa se tratara. Los poros abiertos a un aire viciado no pueden hacer aún más daño que el que trae el silencio pactado, no explicitado.

Derramas la mala sangre extraída por sabandijas que colocas en cada espacio del alma recalando en una posible cura. Falsamente deseada.

Te bañas en tu detritus como una masoquista sierpe.

Te gusta lo más pudente.

Ya sé que es un oscuro texto que a nadie entretiene. Es el de este momento. El que oculta todo lo que ni el pensamiento osa apuntar en mi mente.

Quería escribir lo que no diría. ¡Aquí viene!

No hago texto complaciente. De mis letras no lo esperes.

Posted by lletraferida at 17:23:30 | Permalink | No Comments »

Agujeros negros

Agujeros negros.

Nuestras vidas circundan por esas negras perforaciones del alma.

No reconocemos el silencio que se antepone.

La tristeza que se aposenta.

No miramos al espejo que por un reflejo preciso nos incita.

El gesto seco se impone.

Nuestros rostros delatan que la salida fue dada.

¿Cuesta tanto dejarse en ese recodo del pasado?

Cuesta más de lo que el alma aguanta. Por eso muere.

Son Universos que caen en la absorción a la nada.

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Posted by lletraferida at 12:58:40 | Permalink | No Comments »

Thursday, November 8, 2007

Fractura

Es triste. Hace horas, hace rato, vuelvo a ella. La palabra que me embarga. Es triste me digo en cada momento que intento recordarla.

No entiendo si es que siento o quiero rescatar un sentimiento.

De tristeza no esta hecho.

Que alguien que crees amigo, en un juego entretenido te ha dolido.

Es triste haber perdido el amigo o el hecho estaba allí y no lo habías sabido.

Ocurre que en el momento mismo de la ofensa no detectas, pero poco a poco sientes que te alejas y ya quisieras que nunca más estuviera enfrente.

Es fractura.

Un adiós para siempre.

Reconoces que en tu vida esas cosas no tienen arreglo.

El orgullo pondrá en función cualquier tipo de acción, pero nunca más jugará la confianza, que como cristales rotos, ha caído por un foso del que ya no retornará.

Dices, te lo dices, que es triste por lo que conlleva.

Una despedida silenciosa.

Una puerta, que con aldabonazo, cierra lo que en tiempo creíste era otra cosa.

Tu mente oclusa ha de pasar el proceso.

Para que el daño no sea irreparable, habrás de dejar de lado a quien en otro momento consideraste.

No hay vuelta atrás.

Sabes que te ha dañado y eso te demuestra que te habías engañado.

Retrocedes ante ello.

Reconoces que te alejas.

No quieres saber siquiera.

No habrá palabras cuerdas que limpien esa ofensa.

Te recuerdas en momentos similares y ni siquiera sabes de quien vienen.

La memoria es selectiva y lo mismo que guarda tesoros borra engorros.

Me despido con ésta porque sé que en el futuro la distancia se hará un abismo y ni siquiera pensaré que antes fuiste mi amigo.

Recuerdo que se me ha dicho, en otras ocasiones, que soy rencorosa.

No lo veo de esa forma.

El rencor es otra cosa.

Sobrevivo de quien me menosprecia.

No me encaro, me evado.

La moneda siempre tiene dos caras.

Es bueno que por casualidad haya descubierto la cruz que ignoraba.

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Thursday, November 1, 2007

Encuentro

Sinuosamente se acorrucó entre las tarimas al abrigo de una esquina que disimuladamente tapaba su fina figura encorvada. Sus dedos se clavaban en el tejido de lana que tenía doblado de forma desordenada. Miraba insistentemente al fondo queriendo captar la atención de alguien entre todos los presentes.

Su papel en esa escena, aparentemente insignificante, cobraba vigor al captar la atención de quienes asistían impasibles a lo que sobre el escenario dos figuras informes concitaban.

Era un personaje sin cuerpo. Él sabía que todo dependía de su instinto.

La platea repleta de gente. Temblaba como una hoja a punto de ser abatida por un viento otoñal. Disimulando como podía evitaba ser previsto en tal.

Ella no lo pudo evitar. Olvidando que se trataba de una escenificación teatral se acercó y le tendió los brazos queriéndole abrazar. Él, desconcertado, pensaba si sería parte de la trama, sintiéndose azorado creyendo haberlo olvidado.

El director de escena no apreciaba lo que allí pasaba, pues estaba concentrado en el centro del escenario, dónde se desarrollaba un diálogo tramado para dar paso a otro escenario que preveía sería dado en el patio de butacas.

Los espectadores intrigados miraban lo que allí se escenificaba absortos en ese giro imprevisto de la historia.

Un juego de luces y sombras marcaba recorridos imprecisos.

Allí la atención se centraba en la respuesta esperada.

Rechazo por parte de él. Ella en un respingo se retiraba cabizbaja a ocupar su butaca. Una lágrima hollaba la mejilla inmaculada.

Él observaba y ante ella no pudo consentir y olvidando el papel que le habían entregado, decididamente se levantó  acercándose a ella y besándola la abrazó olvidando el mundo que ocupaba ese espacio.

Se encontraron en lo alto de una colina, acunados por un viento que de agua marina encendía su instinto manifiesto.

Ella y él. El mundo dejaba de tener forma.

En sus brazos la llevaba atravesando a otro plano del que la realidad es otra. Amando.

Salieron sin mediar palabras. Sus ojos las decían todas. No pactaron. Ella le llevaba por las calles empedradas a un portal y sin poder esperar, allí empezaron su viaje nupcial.

Posted by lletraferida at 10:50:44 | Permalink | Comments (2)