Atrapada
Cuando te encuentras con la fuerza de la vida y la muerte sin tapujos, con alguien que no está para complacencias, ¿qué sientes?. Pánico de que te arrolle cual tren en marcha, que se te cruzara. Al tiempo te sientes atraída deseando entrar en contacto con su vida y con su muerte. Te hace sentir en el bajo vientre y deseas revolcarte con ella, aspirar su aliento y sentir sus huesos en contacto con tu cuerpo. Se gesta el camino hacia la nada. No caben medias tintas, hay que embarcarse y sin salvavidas.
Tienes miedo y te retraes aunque en tu juego te aproximas, con cautela, en cuidado de no ser portada y arrastrada, como si de sirena se tratara y en su canto silencioso quedaras atrapada.
Sientes la punzada del deseo de lo prohibido y con ello te retraes, esperando la herida mortífera que te acobarda y detiene en un lance abortado de antemano.
Tendió sus redes y sin saberlo dio a la caza alcance. No se ha de descubrir el hallazgo ya que en ello sería esclavizada su víctima. Es tal la rabia que arracima, la posesa, que en ese juego equívoco cualquiera podría ser domeñada y retenida.
Los hilos de la araña asesina maquinan, de antemano, la trampa mortal que se avecina. Fue urdimbre entretejida con artimañas de seducción. Se hizo espacio acogedor en el que la víctima se adentró sin cuidado ni prevención. Las alertas suenan a destiempo y en demora, fuera de hora. Es la presa fácil que se entrega al goce sin saber la destrucción venidera. Afloja en principio su presa para que ésta se confíe y relaje sus defensas y prevenciones, preparando de esta forma su banquete.
En la escapada
Muchas veces ante el peligro tomar la alternativa te pone en la línea de salida, salirse por la tangente.
Si dejarse atrapar por la seductora araña era peligroso no lo es menos eludirla.
Son estados del alma que a nadie se le desearían. Muchas veces desearías tener una coraza protectora que te permitiera seguir el camino trazado, pero no es así. El deseo muerde y desgarra. Lo eludes y te crees que pasados los días se supera. Aparentemente se siente superado.
-Ahora ya no siento nada.
Se dice a sí misma la víctima.
-Pero nada, nada en absoluto.
De hecho está en estado de latencia y no serán días ni meses, serán años de sequía.
Al pasar de los años si se encuentra con otros u otras que le quieran sentirá el vacío de lo no vivido, no podrá dar el paso en compañía. Se le secará el alma, herida del veneno que aniquila.
Sucede, le sucede, que los recuerdos se mueven de forma autónoma y sin apenas darse cuenta estos perforan su alma.
Encuentra un cuaderno, donde a veces escribió cosas. Hace tanto tiempo, que ni lo recuerda.
En el perfil reconoce que es él, aquel a quien amó, recuerda que tanto.
Fue desdichada y feliz a un tiempo.
De pronto un perfil dibujado y un texto breve y doloroso, que ahora ya no hiere. Hace tanto tiempo. En otra vida. En otro tiempo.
Hay trazos que la remontan a aquel pasado.
¿Qué sucede cuando el próximo paso que has de dar no hay nada que te motive para darlo?
Hay que seguir dándolos ya que puede suceder que la falta de sentido se olvide y tome cuerpo una nueva forma de vida en ti.
Cuando aquello que te rodeaba se desmorona, ¿qué hacer para seguir viviendo sin que te duela?
Todo estaba callado de antemano.
Es inútil la palabra, te hundes en el silencio.
Nada puede sacarte, te pierdes lejos, arrastras la carne.
Nada, nadie puede ayudarte.