Monday, March 26, 2007

Me embriagué

Aquellos años en que volábamos me embriagué de ti. Entre fiestas y alcohol olvidé que eras lo importante. Olvidé que valía la pena escucharte.

Vuelvo con la rueda del tiempo. Todavía siento en mis carnes y se me eriza el vello sólo pensarte.

Aquí vengo a levantar un templo de adoración hasta que la muerte me alcance. Entonces, creo, volveré a andar entre los trigales y a hacer el amor en la arena de la playa como lo hicimos antes.

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Ellas me enloquecen

En ellas te anduve buscando, amada mía. Al cabo del tiempo descubrí que nunca llegarás a mí. Que en sus brazos te sentí una y mil veces.

Loco de mí, cual ciego camino en el abismo que se abre sin ti.

Sólo me quedó embriagar mi alma, adormecerla, para poder seguir sin ti.

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El hombre ante el abismo

Ante ti mujer yo me destapo. El abismo de tu dolor se abre paso a mis pies. Eriges en mi persona todas las magnificencias del Ser. Una a una todas las cosas cobran naturaleza sobrehumana, sólo con seguir el hilo de tu trazo en la espalda y memorablemente sucumbir en tu monte divino e introducirme en él. Me permites, cual diosa, el sentido de lo eterno. Erecto mi cuerpo febril se empecina por asirse en ti.

Yo hombre quiero en ti sucumbir. Eres la Rosa de Jericó el latido del maná. La que más. Adoro las mujeres que hay en ti. La diosa y la pueril. La niña de ayer, la vieja de después. La de siempre hermosa figura en mi retina. Gesto retenido para siempre. Vivir y morir en ti. Seguirte entre la maleza hasta que en tu extático hueco palpita el deseo y me invitas de nuevo. Amarte hasta morir. Romperme en ti.

 

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Sunday, December 10, 2006

Izeta atenta a lo que acontece (Aurea - Continuando)

Sufrió en sus carnes. Cayó por el precipicio. Atacó la bestia inmunda y en descuido erró el golpe.
Izeta estaba atenta a lo que allí acontecía.
Sobre Aurea, la arpía.
En el descuido logrado Izeta la ha despistado con un salto bien dado. Aurea estaba en su mente sin aparentar darse cuenta, no sabía lo que allí se daba.
Fidia se paró en seco, a punto de atravesarla. El miedo que traicionero a ella ha construido ahora se ha diluido. Fidia desaparece. Es estado transitorio, Izeta bien lo sabe.
El tiempo que es necesario para que Aurea conozcas nuevas artes de protección se ha dado.

¿Qué es aquello que la hizo inmune al ataque?
Fue recuerdo de otro tiempo, en otro lugar. Ya el tiempo es un otro no secuencial.

Su recuerdo ha divagado en el amor de pasado, en su tiempo personal.

Es cierto, la había engañado. Como siempre sucede eres la última en enterarse. Todo el mundo lo sabía.
Pensaste que Jorge y ella eran amigos. Como a tal la aceptaste.
Se hirió tu alma en profundo. No recuperaste la confianza. Nunca más el abandono.
Que no era importante. Que un desliz lo tiene cualquiera.
Querías ser ecuánime y no le recriminaste. Perdonar, no había nada que perdonar. No era ofensa. Es la vida. Cada uno propio guía. Te dolió y no sacaste tu dolor. Enfermó tu alma. Se apagó tu corazón.
Pensaste que él es libre. Que de ti no era obligado. Tu marido. Que estaba en su derecho de usar su libertad. Racionalmente lo viste. Te doliste. La emoción hizo espacio al infinito. Se te rompió el corazón.
No pudiste superarlo. No fuiste capaz de superar el trance en el que te veías envuelta.
¿Le querías? No lo sabes.
Ya no te fue posible, nunca más, dejarte mecer en sus brazos.
Herida y dolida quedaste largos días, largas noches, muy largas, eternas.
Te buscaste ocupaciones. Distracciones. Construiste relación de afectiva amistad. En la intimidad te retirabas. Poco a poco desistió.
Han pasado años.
Tu mente y tu cuerpo vuelven a un estadio anterior. Ganas de vida nueva, placeres que por recuerdo reverdecen esta flor.
Renaces de tus cenizas. Abres todos los sentidos a aquello que te habla del placer de estar viva.

En este su pensamiento Aurea divagaba y entre tanto ocurría que Izeta conducía.

En otra parte. En la espesura Jorge vislumbra un estrecho camino de piedra fina. Se siente guiado por mano invisible. Por el se desplaza. La hiedra lo cubre todo y de marañas los oscuros troncos apenas se vislumbran. Negrura espesa de niebla que todo lo engulle.
Aullidos en lontananza. Ulular y chasquidos. Todo ojos de alimañas. Escudriñando en la oscuridad.
Avanza el hombre abatido por esa tierra tan extraña. Recuerda que hubo un tiempo. Que pensó en un mañana.

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Thursday, December 7, 2006

Duplicidad

Aurea alejaba de sí todo temor, pues sabía que este haría crecer a la arpía.

Izeta, su animal protector se mantenía a distancia y temeroso, pero con actitud tensa dispuesto a darlo todo por ella.

En esas tierras pirinencas cuando renacía la vida tras el invierno las gentes se abstenían de acercarse por miedo a las crecidas de los irregulares ríos.

El muérdago colgaba de los frondosos árboles a la espera del ritual en noche de plenilunio, pensaba Aurea mirandolos. Una hoz de oro para que el bardo puediera hacer ungüentos mágicos. Sería cierto que las fadas negras habían habitado esos parajes en otros ancestros y que al ser despojadas de todo quedaran las que como la dama oscura encarnizadas y dañinas iban y venían entre los dos mundos que allí se abrían.

Se introdujeron bajo la cascada, el Azú, y entre la grieta angosta penetraron las dos damas. Aurea se preguntaba cuanto tiempo conseguiría captar la atención de la oscura dama.

Decidió entablar conversación. Hasta ese momento era la otra que había llevado la voz cantante. Ella con su silencio había mantenido la distancia con cautela pero el hecho de reconocer que sus hijos corrían peligro la alentaba a iniciar una serie de acciones para distraerla.

Se dirigió a ella hablando con suavidad pero sin titubeos.

En la otra realidad, Jorge estaba atrapado en una maraña de hierbas y ramas enredadas que sujetaban sus piernas y veía medio en tinieblas las dos figuras femeninas. Identificó los contornos de la que en la otra realidad había sido su esposa. Un escalofrío recorrió toda la superficie de su piel. Se le atezaron los músculos. La sangre ocluida dejó de circular y por un misterioso orden quedó petrificado ante el presagio anunciado tras la visión presente.

Aurea le preguntaba por detalles nimios para distraerla de objetivos mayores. Jorge recibía los pensamientos de prevención que Aurea desviaba de la atención de la dama oscura

El miedo que Aurea sentía por aquellas cosas que la otra pudiera hacer a sus hijos le daba mayor osadía. Proyectaba lejos estos sentimientos. Sin saberlo ella y Jorge habían entablado un diálogo paralelo en el que ella telepáticamente le informaba del peligro a que estaban expuestos los hijos.
Jorge intentaba deshacerse de la sujeción a que estaba sometido por las ramas que enredadas en sus tobillos le impedían tomar rumbo alguno.
Izeta consciente de la necesaria liberación de Jorge traspasa el espacio y tiempo y dirige su atención a éste conducida por la mente de Aurea. Muerde las ramas y hierbas que sujetan a Jorge liberándolo.
Cuando éste queda liberado queda de nuevo a la merced de la nada. Izeta se pierde en el vacío y sus ojos no encuentran camino ni salida.
Vuelve Izeta sumisa a los pies de su dama.
Desdoblada ésta en las dos, Izeta sabe como buena fuineta que es que la dualidad en ese mundo se separa en los dos seres que se presentan.
Se debaten las dos identidades. Conforme el miedo crece la separación se hace más patente.

Continuará

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Continuación del relato de Aurea, la blanca dama.

Anteriormente el texto quedó aquí:
Aurea, la blanca dama, se pasea por la espesura recorriendo desconocidas latitudes.
Su destino se dibuja, será la nueva hechicera.
Ha dejado su casa para hallar nueva morada.
Se ha alejado de los suyos en ruptura desconsolada.
No hubo adioses ni rencores.
Emprendió su largo viaje con su hatillo a la espalda.
En cuanto se pusiera en marcha hubo fuerza renovada.
Ya los suyos son otra realidad. Izeta le acompaña, es quien mirará por ella cuando ciega sea. La hechicera habrá de perder la visión para acceder al conocimiento de la magia y de ultratumba.

Continuación de Aurea la blanca dama:
Una dama oscura, vestida con pliegues oscuros suelta un largo discurso dirigido a Aurea, la blanca dama:
- Llega un paquete a mis manos. No puedo evitarlo, lo abro. No hay espera. Así es mi vida.
- Arranco con premura la cinta que lo envuelve, si no puedo con los dedos lo hago con los dientes.
- No sobreviven quienes así se lo montan, pero yo sí. Aquí estoy.
- A veces somatizo y padezco el freno que supone parar, restañando mis heridas. En ese caso duermo siglos de soledad.
- Cadáveres a mi paso de almas que se desnudaron a mis manos.
- Deslizo mis dedos y hurgo en sus entrañas. La sangre caliente corre por mis dedos y me vigorizan.
- Era Cleopatra que usaba líquido elemento para rejuvenecerse. Experimentaba con aquellos que como esclavos usaba.
- Con mis uñas afiladas abro ese hueco que brinda su alma. Supura y pierde substancia. En sus ojos recojo agradecida su mirada.
- Colecciono miradas de perro lastimero y hago recortes y collages en las paredes de mi casa.
- Dadoras de vida dicen que somos. Robo tu alma si a mi alcance te alzas. Néctar divino bajo la piel rosada.
- Afilo mis uñas, no necesito colmillos. Acaricio su torso desnudo. El objeto de mis placeres es el muchacho inocente y la doncella si se tercia.
- Juego en la playa y el baile. La luz no me derrite. Escritores ignorantes son creídos de historias lerdas que otros escritorcillos contaron antes. Eterna en mi tiempo me muevo. La muerte o la vida es de humanidad.
- De dioses o ángeles caídos alimentan las iglesias a sus súbditos. Cementerios y tumbas abiertas al hedor. No es ese mi territorio. Es otra realidad. Otra esfera paralela. Esta es la forma en que podrás entender dónde te internaste blanca dama.
- La hechicera te propuso para continuar la saga y te trajo a ésta, mi realidad.
- Viajo a ese mundo del que vienes para hacer cacerías y experimentar el éxtasis que me produce el contacto con el cálido elemento de los humanos.
- Te preguntas el por qué tome esta senda. Yo también fui requerida por la dama que te atrajo y ofreciome vida eterna, de su juego aprendí cuanto sé y después deshice el yugo al que me atara. Volé tan alto que alcancé el poder sin dejar que me tendiera su red. Aprendí lo útil y deshice lo inútil a mi favor.
- Te está haciendo promesas con el precio de perder la luz en tus ojos, deberías reconsiderar tu elección.

Estas eran las palabras de la oscura figura que ante ella se manifestaba.

Había vuelto de ese sueño o todavía estaba en él. El abrazo amoroso con Jorge y el retorno al tálamo de sus primeros tiempos. Era sueño o recuerdo.

Esa presencia parecía real. Abrió y cerró los ojos intentando aclararse. Nada le daba pie a afirmar o negar.
Aurea de pronto sintió que un helado sudor le cubría la espalda, pensó en sus hijos bajo los brazos de esta mantis. Temió por ellos. Vio a sus dos hijos con cara de preocupación sentados en el sofá de la casa y con la agenda en la mano buscando, número de teléfono. Llamando. Era a su hermano. No contestaba nadie del otro lado. Ellos con gesto preocupado y abatidos, parecía que esperaban. Alargó su mano queriendo acariciarlos. Atravesó sus cabezas sin notar contacto. Entristecida contuvo el llanto que pujaba por salir.
Su garganta se contuvo del alarido de espanto frente a lo que su mente captó viéndola tras ellos maquinando una danza macabra y derramando sus encantos.

Aurea sintió la premura de atraer su atención. Salió del lugar y la otra que tenía mayor deseo de tenerla de su lado olvido su presa. Miro hacía ellos y penso que en otro momento volvería.

Volvieron al circulo de piedras rojas, margas. En medio de aquella selva virgen, Oza. Las lianas colgaban de los hayedos. Los ríos derramaban su cauce, del deshielo, crecidos. Saltos de agua gorgoteando por doquier.

La oscura dama, taimada, la miraba a la espera de algún gesto que delatara flaqueza. Por mucho que lo intentara no podía acceder al fondo del alma de la blanca dama.

Continuará

Aurea, la blanca dama, se pasea por la espesura recorriendo desconocidas latitudes.

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Sunday, October 22, 2006

CAES EN SUS REDES LO QUIERAS O NO

Atrapada
Cuando te encuentras con la fuerza de la vida y la muerte sin tapujos, con alguien que no está para complacencias, ¿qué sientes?. Pánico de que te arrolle cual tren en marcha, que se te cruzara. Al tiempo te sientes atraída deseando entrar en contacto con su vida y con su muerte. Te hace sentir en el bajo vientre y deseas revolcarte con ella, aspirar su aliento y sentir sus huesos en contacto con tu cuerpo. Se gesta el camino hacia la nada. No caben medias tintas, hay que embarcarse y sin salvavidas.
Tienes miedo y te retraes aunque en tu juego te aproximas, con cautela, en cuidado de no ser portada y arrastrada, como si de sirena se tratara y en su canto silencioso quedaras atrapada.
Sientes la punzada del deseo de lo prohibido y con ello te retraes, esperando la herida mortífera que te acobarda y detiene en un lance abortado de antemano.
Tendió sus redes y sin saberlo dio a la caza alcance. No se ha de descubrir el hallazgo ya que en ello sería esclavizada su víctima. Es tal la rabia que arracima, la posesa, que en ese juego equívoco cualquiera podría ser domeñada y retenida.
Los hilos de la araña asesina maquinan, de antemano, la trampa mortal que se avecina. Fue urdimbre entretejida con artimañas de seducción. Se hizo espacio acogedor en el que la víctima se adentró sin cuidado ni prevención. Las alertas suenan a destiempo y en demora, fuera de hora. Es la presa fácil que se entrega al goce sin saber la destrucción venidera. Afloja en principio su presa para que ésta se confíe y relaje sus defensas y prevenciones, preparando de esta forma su banquete.

En la escapada

Muchas veces ante el peligro tomar la alternativa te pone en la línea de salida, salirse por la tangente.
Si dejarse atrapar por la seductora araña era peligroso no lo es menos eludirla.
Son estados del alma que a nadie se le desearían. Muchas veces desearías tener una coraza protectora que te permitiera seguir el camino trazado, pero no es así. El deseo muerde y desgarra. Lo eludes y te crees que pasados los días se supera. Aparentemente se siente superado.
-Ahora ya no siento nada.
Se dice a sí misma la víctima.
-Pero nada, nada en absoluto.
De hecho está en estado de latencia y no serán días ni meses, serán años de sequía.
Al pasar de los años si se encuentra con otros u otras que le quieran sentirá el vacío de lo no vivido, no podrá dar el paso en compañía. Se le secará el alma, herida del veneno que aniquila.
Sucede, le sucede, que los recuerdos se mueven de forma autónoma y sin apenas darse cuenta estos perforan su alma.
Encuentra un cuaderno, donde a veces escribió cosas. Hace tanto tiempo, que ni lo recuerda.
En el perfil reconoce que es él, aquel a quien amó, recuerda que tanto.
Fue desdichada y feliz a un tiempo.
De pronto un perfil dibujado y un texto breve y doloroso, que ahora ya no hiere. Hace tanto tiempo. En otra vida. En otro tiempo.
Hay trazos que la remontan a aquel pasado.
¿Qué sucede cuando el próximo paso que has de dar no hay nada que te motive para darlo?
Hay que seguir dándolos ya que puede suceder que la falta de sentido se olvide y tome cuerpo una nueva forma de vida en ti.
Cuando aquello que te rodeaba se desmorona, ¿qué hacer para seguir viviendo sin que te duela?
Todo estaba callado de antemano.
Es inútil la palabra, te hundes en el silencio.
Nada puede sacarte, te pierdes lejos, arrastras la carne.
Nada, nadie puede ayudarte.

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Tuesday, October 10, 2006

Al calor de la lumbre

En el pasado escuchó historias contadas al calor de la lumbre. Se aficionó tanto a ellas que aprendió a leer todo aquello manuscrito que llegaba a sus manos en la más tierna infancia.

Se sucedieron largas estaciones y crudos inviernos, aquellos tan fríos que quedaba quieta durante toda la noche por evitar el contacto de la helada sábana. Siempre le fue difícil tapar su cara en la noche. La puerta cerrada era como el parapeto que evitara todos sus miedos, de niña y no tan niña.

Cuando en el ulular de la noche y la quietud de los sueños despertaba quedaba enmudecida y con miedo a la soledad de los insomnes que nadie acompaña.

Hubo pesadillas que se colaban por debajo de la puerta de la vieja casa. Recuerda los miedos que en la infancia nadie acompaña. Despertar al día, liberación del alma. Mientras dormía nadie velaba su sueño, decía aquella poesía de sus primeras lecturas, la del niño que quería salir a navegar y la madre le decía -¿quién velará tu sueño?- contestando él -las estrellas velaran-. La recuerda en el recuerdo de las sensaciones y los olores de la infancia. Esa olor que tomaban sus ropas del humo de la cocina y los animales que los padres tenían.

Esos perros compañeros de juegos y paseos. El hermano y el primo con quien representaban medio en broma y medio en serio, más en serio, que el juego de los niños es muy serio. Ella siempre la princesa, ellos los piratas o guerreros. De quietud la destinaban a esperar ser liberada. En estos juegos su mente viajaba por los mares y los aires. Asimilaba el papel de doncella, princesa o reina, lo integraba a sus juegos de muñecas. Dibujaba y pintaba princesas.

Fue en los años mayores que desvelo los velos de la ‘vindicación’ y la ‘igualdad’ y ‘libertad’. Se apuntó un gran objetivo, su autonomía.

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Friday, October 6, 2006

El abuelo

- Me contaron esta leyenda hace tanto tiempo que ni siquiera puedo recordar cuanto.
Así empezó el abuelo a narrar las peripecias de sus años de infancia y juventud. Teodoro, que así se llamaba el abuelo, había reunido al calor de la lumbre a sus hijos y nietos. Aquel invierno era especialmente húmedo y frío, sus huesos se resentían y sólo el vino caliente y las historias comenzadas a la luz de sus recuerdos podían atemperarle.
Captaba la atención de los más pequeños, Jesús y Anamari no pestañeaban cuando el abuelo empezaba sus historias. Le ponía tal pasión a su relato que ellos se sentían partícipes de aquellos sus recuerdos.
Y cuando pasaba a los años de la mili, cuando los maquis. Que si el fuerte Santa Elena, que aquel mosquetón y aquel hambre y frío. Jesús temblaba de frío y se sentía soldado en batalla. Anamari se veía en la retaguardia cuando lo que se explicaba rememoraba haceres de mujeres en sus casas y en el campo.
El abuelo hablaba de su madre con cariño y veneración. La había perdido en la infancia y recuperaba cada uno de los momentos de esa infancia al calor de sus relatos.

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Sunday, October 1, 2006

Al otro lado

“Renacen nuestros sentimientos de forma inverosímil.”

Al otro lado, en la profunda oscuridad, Jorge siente en sus entrañas que está con ella, que la cubre con abrazo amoroso.

La ve a través de los ojos de Iceta. Sabe que ella es Aurea, que Aurea es ella.

Jorge desfallecido está sobre los guijarros de ese camino que no le lleva a ninguna parte.

Una luna omnipresente se abre paso en el oscuro espacio que delimitan altos y oscuros árboles.

Ese sueño abre esperanzas nuevas. Ya no está en la nada absoluta.

¿Dónde buscarla?, - se pregunta - .

Sale del éxtasis amoroso renovado y con ganas de iniciar su búsqueda.

Ahora irá por ella.

En algún lugar de su sueño la encontrará, lo intuye.

Jorge emprende su marcha con decisión. Se diría que sabe hacía dónde.

Ese amor que languidecía ha vuelto a ellos en esa nueva realidad.

Del otro lado, en la cama de su habitación, duerme observado de cerca por sus hijos.

Ellos están a su lado, esperando que despierte.

En su rostro se ha dibujado una sonrisa que no les pasa desapercibida.

Se miran y en su gesto se dibuja una pregunta que no se formula.

Procedéncia de la imagen para este texto.

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