Narra la memoria de sí misma.
Se explica, explicita su retorno.
Lee un apunte avivando su memoria, la llama.
Recuerda que se recordaba.
La patina del tiempo lo desdibuja.
Sabe aunque no pueda con certidumbre ese recuerdo.
Se resigna a sí misma.
Le cuesta el sometimiento.
Duro golpe el del destino.
Quizás toco el cielo y el descenso fue mayor.
O fuera que soñó.
Se soñó a sí misma en un posible sentimiento de amor.
Despertó un día con las marcas del silencio adolecido y sin ecos en el alma.
Resucita en un recuerdo que por serlo cree suyo y apenas le significa.
Signo del aire perdido en su olvidada existencia.
Plácida, complacida a los ojos del mundo.
Se negó, negó el impulso.
¿Acaso fuera supuestamente suyo?
O el alma se confundió creyendo vivir lo no vivido.
Corrió por mares de espuma arrastrada por las olas del deseo.
Vertió el llanto en su almohada.
Anegada en sus lágrimas.
Sangrando su alma entera.
Ahora seca y dolida.
Se proyectó en él.
Cuando miró la nada
le devolvió una sonrisa tétrica y amarga,
salobre y húmeda.
Sintió en sus entrañas
que se abría al ocaso y
en espasmo derrotó el silencio
volando a la galaxia no explorada.
A la pantalla del tiempo venidero.
Fallido intento.
Una pluma languidece.
Ángel caído de nuevo.