Wednesday, February 7, 2007

Remembranzas y textos que se abren paso…

Limitaciones…
He subido a la cola del caballo en dos momentos de mi vida. En el tercero no pasé de las gradas de Soaso.
No podré subirlas con mis piernas. Años atrás te subían a lomos de un burro. Mis rodillas padecen, no puedo hacer nunca más montaña.
Puedo soñar. En el sueño estaré en ellas todos los viajes que quiera realizar.
Ya he estado en aquellos lugares que han tirado y se volverán parque.
Evoco recuerdos, eso es lo que saco.

Tristemente…
Cuando la vida golpea con su mazo vital y quieres silencio todas aquellas cosas que ríen se convierten en martillos que asestan sus golpes contra tus sienes.

Chocolatada…
Cada día hablo con mis padres. Hoy se me han puesto los dientes largos. Añoranzas.
En fecha como la de hoy se suele juntar la gente para tomar chocolate caliente con algún tipo de torta. La tradición de las águedas, el que tiempos atrás se celebraba como día de las mujeres.
Cuando era jovencita íbamos al baile y ese día nos resarcíamos del resto del año. Nosotras sacábamos a los chicos a bailar. Era raro que uno te dijera que no, más bien lo estaban deseando.
Mis amigas y yo éramos muy bailongas. Todos los domingos pasábamos horas acicalándonos para la tarde de baile. Hubo momentos placenteros. Dada nuestra juventud y los tiempos que corrían aquella era la opción más divertida.
No teníamos la edad suficiente para entrar a l baile y por ello íbamos pintarrajeadas, para aparentar los años que no teníamos. Alguna vez nos comimos las ganas. La segunda opción era ir al cine. Si no nos apetecía nos dedicábamos a pasear, coso arriba y coco abajo. Te cruzabas con conocidos y conocidas y charrando aquí y allá se te iba pasando el rato. Fantaseábamos con todo.
Fue en Lérida, un mes de Julio, que descubrí el gusto por el baile. El gusto por la música. Con una prima de veinte años que me introduje en el jolgorio de las tardes de domingo. El estar rodeada de chicos que te agasajaban con solicitud. Eran corteses, amables y divertidos.
Las mordidas del amor todavía no habían hecho mella en nosotras.
En ese estado de cosas se disfruta muchísimo. No eres juguete de nadie. Ni nadie está pendiente de tí.
Mi prima pronto me busco un amiguete bailador para que no le chafara las tardes, Miguel era un chico que sabía de todo lo moderno que en ese momento sonaba. Eran los años de Rafael y Adamo. Con él aprendí a bailar y el gusto por el baile. Como era tan moderno y amanerado la gente hablaba a sus espaldas diciendo si era marieta, yo como era una cría se lo champé. Se enfadó. Me dolió muchísimo su reacción. En otro viaje, siendo más mayor lo visité y él apenas si lo recordaba. A mí me marcó, se me destrozó el corazón. Era hermoso tener un amigo en quien confiar y pasarlo bien. Era cría pero grandota, aparentaba la edad que no tenía. Ahora bien. a la que abría la boca metía la pata.

Recuerdos…
Vuelven a mí, de nuevo los recuerdos del pasado.
Mi padre siempre ha tenido afición a pescar. Cuando era jovencita me iba con él al campo.
Cuando manifestaba su intención de marchar un rato a pescar, después de comer, yo preparaba mi libro, un cuaderno y un bolígrafo. Marchábamos, muchas tardes de verano, a eso de las cuatro de la tarde.
Dallan, nuestro perro, siempre se subía al coche el primero. Cuando mi padre lanzaba el sedal el perro se tiraba detrás, al agua. Era mi perro, yo lo había criado dándole leche de muy chiquitín; sin embargo él no reconocía otro amo que mi padre.
Hoy mi padre es un anciano vital y dulce. En aquellos tiempos era un hombre al que no se lo tragaba el mundo. Tenía la fuerza que no he visto en nadie más.
Reconozco que el hombre era machista, como todos los de su entorno. De pueblo pequeño, de la tierra. La verdad es que me marcó muchísimo. Supongo que luchar contra él me hizo fuerte.
Volviendo a lo que me ocupa. Íbamos a pescar, él se movía por aquí y por allá, yo quedaba a la sombra de alguno de los muchos árboles que había a la orilla del río me ponía a leer o estudiar. Se me iba la cabeza a las musarañas, quedaba encantada con el gorgoteo del agua zumbido de las moscas. Había un ambiente seco y cálido que tostaba la piel. A él siempre le gustó el calor extremo, en él se siente saludable y fuerte. Reconozco que en aquel tiempo yo no me sentía molesta con aquellos calores.
Se producía el chispazo mágico y de pronto me veía escribiendo largos textos poéticos. Ninguno de ellos ha llegado hasta aquí. Retuve entre cajones páginas que de leer y releer desacredité y destruí. Proceso, todo es proceso, me quedo con ello.
Hubo un amigo que leía y al que leía los escritos. Parece que lo recuerdo. Fue en aquel momento en que no conforme con la vida que estaba planificando corté con todo y decidí luchar por hacerme autónoma. Por no estar ligada a nada ni a nadie. No fue fácil, nada fácil, todavía estoy en ello.

La vida a veces te trae de la mano el mejor de los regalos. Tengo hoy en mis manos una fotografía, copia, de aquellos años que aquí recordaba. Era Ángel. Verle a mi lado me ha hecho recordar que fue el primer amigo de verdad, aquel por el que no había confusión ni deseo. Fui su confidente. Hubo un tiempo, ese tiempo en que él, yo y dos más estábamos siempre juntos. La hija de una de ellas ha venido por mi escuela a hacer prácticas y hoy me ha traido tan grato recuerdo. su madre se lo ha dado para mí.

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Sunday, December 3, 2006

Contacto con los animales. Mis recuerdos.

El año pasado monté por primera vez en un caballo que era conducido por la persona que los tenía a su cargo, un pequeñísimo paseo. Fue una de las actividades de las Colonias que hicimos con nuestros niños en la Granja. Me comentaron si había montado alguna vez ya que lo hice correctamente.

Mis abuelos eran de pueblo y tenían tierras y animales y mis padres tuvieron animales. He estado siempre en contacto con ellos. Los animales hacen que la vida cobre valor ya que nos acercan a la Naturaleza. A nuestros mejores instintos. Mi padre comentaba que quería a sus vacas tanto como a su familia.
Viví con más proximidad la convivencia con los perros que teníamos en la casa. Son nombres propios en mi memoria. Chita, Linda, Estrella, Perico, Dayan y Tani. Chita estuvo desde que yo tengo uso de recuerdos, volví de Barcelona y me dijeron que la había matado un camión, se me revolvió el estómago, me puse enferma por su pérdida. Era una perra que todos decían que sólo le hacía falta hablar dada su inteligencia. Tuvo muchos perritos a lo largo de su vida. Mis padres los daban a quienes los querían. Hubo uno que era blanco y grandote que siempre se escapaba de la huerta dónde había ido a parar y que mi hermano y yo con lágrimas en los ojos volvíamos a llevar.
Linda era hija de Chita, fina y pizpireta. Estrella negra con una mechoncito blanco en la frente. Perico y Dayan competían por ser privilegiados por mí, ya adolescente. Salí con ellos a dar paseos por los caminos que salían de la ciudad. A Dayan lo crié con leche de las vacas. Cuando lo dejaba lloraba y yo no soportaba su llanto, mi madre decía que debía dejarlo pues sino no dejaría de llorar reclamando mi atención. Mi padre lo trajo, lo salvó de ahogarse. La gente era cruel, ponían los perritos y gatitos en un saco y los echaban al agua para que se ahogaran. Era la forma de controlar su natalidad. Recuerdo aquel llanto de los chiquitines. Preguntaba que por qué lo hacían y nadie me hacía caso.
Ante mi viene la imagen de la perra con sus perritos mamando. No se dejaba aproximar, temía por sus bebes. Sólo podía acercarse mi padre y con cautela.
Marquesa está en mi memoria a través de una fotografía que se nos hizo con ella. Yo no tenía ni dos años. Era una perra grande de pelo largo blanco. Decían de ella que tenía muchísima paciencia conmigo cuando le tiraba del pelo ni se quejaba. Que siendo bebé cuidaba de mí.

Retomando el recuerdo del momento en que me vi a lomos del caballo diré que lo primero que sentí fue respeto por ese animal que llevaba horas dando vueltas a cada uno de nuestros niños. Le acaricié para que notara mi proximidad vital y me uní a él en un sólo movimiento, me dejé llevar.

En otro momento de mis recuerdos los caballos expuestos al público. Tarde de Rejones. Viven mis padres al lado de la plaza de toros. La cuadra de caballos de la Hípica Oscense los trajo a la exhibición. Registré en fotos y vídeo de baja calidad, cámara de fotos, ese momento. El caballo blanco más bravo se dió cuenta de lo que hacía y me miró. En ese momento dejé de mirar a través del objetivo y mantuve un contacto visual con él, le dije adiós y me fui a casa.

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Sunday, November 19, 2006

Otro otoño frío y húmedo.

Un frío que hiela, a decir de mi padre que cada día, estos últimos, me da el parte del tiempo quejándose del frío y la humedad. Él vaticina un invierno húmedo. Le teme a la humedad y al frío porque lo siente en los riñones.
Recuerdos de otro otoño lejano en mi tiempo. Seminaristas, en su paseo matutino, que nosotras inocentes y maléficas criaturas provocábamos con risas y algún que otro apelativo. Jugábamos con pelota, siempre había alguna, al balón prisionero y mirábamos quietas el paso de esos gallardos muchachos sacándoles los colores con nuestro atrevimiento y descaro. Un grupo de niñas de diez u once años. Nos resultaba morboso el grupo que en orden se desplazaba, no entendíamos que fueran destinados al celibato, palabra que sonaba rara a nuestro entendimiento y que no cobró significado hasta bien entrados los años. El suelo alfombrado por las hojas de los árboles, tonalidades ocres, crepitar de hojas secas a nuestro paso y correteos. El banco azul, más allá de la estación de tren, uno de los límites de la ciudad.
Unos once años, memoria permanente pues cuando regresé a casa la tristeza llenaba el vacío profundo. Mi abuelo había muerto. Se esperaba esa muerte precedida por los lamentos del abuelo hospitalizado en los últimos días postrado en su dolor y agonía oculta a los ojos y oídos de los niños, mi hermano, mis primos y yo. Pequeños retazos de palabras que repetían de su dolor y lamentos. Mi madre cada día le llevaba su caldo y flan hecho de huevo al baño maría. Mi madre llegó a todos, siempre dispuesta a tener los mayores cuidados, era el padre de su marido y sin embargo asumió la responsabilidad sin que nadie se lo pidiera. Las monjas del hospital le comentaban que el abuelo sólo quería que ella le cuidara. La hermana de mi padre, su hija, era rechazada porque no tenía la paciencia y cuidado que su nuera le dedicaba.
Fue un golpe de conciencia ver al abuelo en la cama de mi hermano, amortajado, y la casa llena de gente en aquellas sillas que los vecinos trajeran para poder acompañar en el velatorio. Una mosca de amarillento vuelo fue aleteo que se llevo a mi abuelo. Vi el insecto y se unió a ese olor a muerto, a ese tacto que te recorre todo el cuerpo.
Café y galletas, vino y galletas, no se paraba de hablar, cada uno de sus muertos y anecdotas de otros tiempos.
En los primeros momentos de la enfermedad el abuelo estaba con nosotros. Mi madre con delicadeza le ponía todo lo que necesitaba evitando que nosotros usáramos los mismos objetos. No se sabía bien de que padecía. Se vendieron las tierras, campos, viñas y olivares. La casa que era de adobe, en la que naciera mi padre, y todo aquello que pudiera ser vendible para que fuera a Madrid a que los médicos pudieran estudiar su caso y mirar de curarle. Las propiedades eran de los hijos pues la mujer era quien había recibido herencias. Los hijos dieron su consentimiento para las ventas. Con el dinero en mano y los planes a punto el abuelo se cerró en banda. No quería marchar a morirse fuera de casa, no quería irse de Aragón su patria.
Hoy mi madre me ha traído el recuerdo de ese día. Hablábamos de seminaristas y otoño, se lo he dicho pero ella no me ha hecho mucho caso. Huye, sé que gira y lo mira de soslayo.
 
 

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Monday, October 30, 2006

Sueños o pesadillas

Gretel se fue, murió en el 2000. Yo la quise, no con el amor de quien quiere ser amante, no diria tampoco que simplemente amiga.
Muchas cosas , pequeñeces, me vuelven a ella.
La admiraba. Nunca antes tuve especial admiración por nadie.
Para mí era una de las madres, las italianas acuñaron la palabra ‘afidamento’ no se si con el mismo significado, las americanas la de ‘hermana’.
Hay un antes y un después en mi vida. Marca la barrera del tiempo el haberla conocido y haber tenido el gran privilegio de estar a su lado y sentirme grande y capaz porque ella así me hizo sentir.
Si hablo de sueños por qué traigo a Gretel hacia aquí. La traigo porque vuelve en mis sueños. Sueños simbólicos, sueños que si recuerdo.
Ella hablaba de la diosa. Traía a las pensadoras feministas que aquí no se traducían. Pero en mis sueños no me habla como en vida lo hacía. En mis sueños ella viene a mí en un espacio y mundo paralelo.
Después de su muerte la lloré, la lloré mucho, y descubrí que la quería y que de alguna forma me había quedado huérfana.
Viví con ella muchas complicidades, bastaba una mirada entre mucha gente para reconocernos, para sabernos.
Ella admiraba de mi el don del baile. Me lo decía con sus palabras, me lo decía con sus gestos, me lo decía con sus ojos.
Hablábamos horas y horas. Explicaba, se explicaba. Era una gran pensadora, filósofa. Me concedió, me abrió las puertas de su alma, las llaves de su casa. Política con la fuerza y energía de mover y congregar. Muchas feministas discreparon con ella.
En su entierro se abarrotó la capilla. Ella mitómana seguramente nos vio y, aunque alguien oficiaba visiblemente desde un altar, seguramente tenía a la diosa a su lado. Las’ voces de venus’ loaron y cantaron. Su madre cual dolorosa aguantada y sujetada por sus dos hermanos. Recuerdo esa foto de infancia con tu madre y tus dos hermanos por la playa de la ‘concha’ de S. Sebastian, Donosti. Eras una niña regordeta, orgullo de tu madre.
Tuve el privilegio de estar cerca de ti desde el ochenta y dos. Llegué de la mano de una amiga, mi primera amiga verdadera. Se estaban organizando las jornadas feministas de Barcelona. Mi amiga y yo nos presentamos como independientes, tú enseguida captaste y coincidiendo en el mismo grupo de trabajo te acercaste. Recuerdo que hablabas en un lenguaje con otro significado, significado que poco a poco descubrí. Antes de esto habíamos ido por las movidas del ‘aborto’, detrás de la catedral, en los locales de la asociación de vecinos.
Me introdujiste y me enseñaste, fuiste mi maestra. ¿Amor platónico? ¿Diótima? ¿Diosa que desvela los velos de Isis?
Sigues allí, puedo pensar en tí y enriquecerme.
Cuando desperté tuve que pensar que ya no estás aquí y asegurarme del tiempo y el lugar que ocupo. Ahora sé que volviste en mi sueño porque yo había vuelto.
Soñé que empezaba a bailar en medio de un espacio amplio y que mi cuerpo era fuerte y joven, que dí volteretas en el aire (cosas que nunca fui capaz de hacer), y justo terminé y había otros no conocidos mirando cerca de mí, allí desperté. Desperté con alegría y con energía.
Este sueño, pienso ahora, marca mi última muda de piel.
A lo largo de mi vida he ido mudando, muertes y renacimientos.
Ahora me siento liberada, hoy reconozco el mensaje.
Posted by lletraferida at 19:46:29 | Permalink | Comments (1) »