Thursday, November 1, 2007

Encuentro

Sinuosamente se acorrucó entre las tarimas al abrigo de una esquina que disimuladamente tapaba su fina figura encorvada. Sus dedos se clavaban en el tejido de lana que tenía doblado de forma desordenada. Miraba insistentemente al fondo queriendo captar la atención de alguien entre todos los presentes.

Su papel en esa escena, aparentemente insignificante, cobraba vigor al captar la atención de quienes asistían impasibles a lo que sobre el escenario dos figuras informes concitaban.

Era un personaje sin cuerpo. Él sabía que todo dependía de su instinto.

La platea repleta de gente. Temblaba como una hoja a punto de ser abatida por un viento otoñal. Disimulando como podía evitaba ser previsto en tal.

Ella no lo pudo evitar. Olvidando que se trataba de una escenificación teatral se acercó y le tendió los brazos queriéndole abrazar. Él, desconcertado, pensaba si sería parte de la trama, sintiéndose azorado creyendo haberlo olvidado.

El director de escena no apreciaba lo que allí pasaba, pues estaba concentrado en el centro del escenario, dónde se desarrollaba un diálogo tramado para dar paso a otro escenario que preveía sería dado en el patio de butacas.

Los espectadores intrigados miraban lo que allí se escenificaba absortos en ese giro imprevisto de la historia.

Un juego de luces y sombras marcaba recorridos imprecisos.

Allí la atención se centraba en la respuesta esperada.

Rechazo por parte de él. Ella en un respingo se retiraba cabizbaja a ocupar su butaca. Una lágrima hollaba la mejilla inmaculada.

Él observaba y ante ella no pudo consentir y olvidando el papel que le habían entregado, decididamente se levantó  acercándose a ella y besándola la abrazó olvidando el mundo que ocupaba ese espacio.

Se encontraron en lo alto de una colina, acunados por un viento que de agua marina encendía su instinto manifiesto.

Ella y él. El mundo dejaba de tener forma.

En sus brazos la llevaba atravesando a otro plano del que la realidad es otra. Amando.

Salieron sin mediar palabras. Sus ojos las decían todas. No pactaron. Ella le llevaba por las calles empedradas a un portal y sin poder esperar, allí empezaron su viaje nupcial.

Posted by lletraferida at 10:50:44 | Permalink | Comments (2)

Monday, October 29, 2007

ante las dunas

Paseaba ante las dunas con un pensamiento apoyado en un paisaje lejano. Las calles que le llevaban a la orilla del Sena, allá dónde junto a ella sentía que formaba parte del Universo prometido.

Las promesas a veces quedan en eso, en promesas. Cobran vida en el alma y ésta se engarza en ellas sin otra que esperarlas.

Cerrando los ojos veía su boca, esa boca que tanto le había dado. Húmedos besos, labios palpitando ante el acercamiento y bajo el aleteo del olfato que recorría su cuerpo.

Asida por la cintura, en sus pensamientos desnudaba su recuerdo.

Antonia era alta y delgada. Con unas piernas tan largas que alcanzaban el séptimo cielo en abordarlas hasta la cúspide enredada en una maraña oscura que humedecida daba paso a tu deseo.

Su risa, era su risa la que escuchabas transportado por el siroco que empujaba el fuego en las aletas de tu nariz.

Tensado, el miembro tensado en su recuerdo dolía.

Se fue al pasado para que nada pasara.

Pasaste del deseo al aburrimiento y ahora que la recuerdas rememoras en tus entrañas que la quisieras bien cerca, para enlazarla en ese abrazo certero de amantes.

Calmado bajo un cielo de luna y estrellas difusas, sobres dunas, balanceado en sus brazos que acunan la madrugada del tiempo perdido en tu memoria de niño que retornar quisiera a ese momento preciso de bulevares y especias de tules y sayas negras. 

Posted by lletraferida at 19:24:00 | Permalink | No Comments »

Saturday, December 9, 2006

Hacía tiempo que había saltado por la cuneta.

La casa a oscuras. Un ligero movimiento. El clic de una llave que enciende la luz al otro lado de la pared. El vecino que seguramente se está levantando. 

- Hoy, ¿qué día es hoy?
Se levanta cogiéndose la cabeza con las manos.
- Uf, qué resacón.
- Ayer me pasé.


Tantea por el suelo y calza sus zapatillas agujereadas, viejas, comodísimas. Como siempre que hace ese gesto piensa que es hora de coger otras y tirar éstas a la basura. Y como siempre sale bostezando y arrastrando los pies hacia la cocina para preparar el café.
Hace el camino a tientas, no le gusta encender la luz. Se acerca a la ventana del salón y sube la persiana. El impacto de la potente luz del día saca de él un quejido. Automáticamente cierra los ojos.
Se distancia del foco ominoso y recorre por las acciones habituales. Lavarse la cara, la verdad que no. Cuando está en casa con la perspectiva de ir a su bola lo último que se le ocurre es lavarse y menos aún ducharse.
Recuerda que ya todo ha cambiado. Que se derrumbó el mundo a sus pies, su mundo. Ayer se fue con Julián a ahogar las penas.

 
Se rompió la relación.

Cuando piensa en ello no entiende nada, no entiende él por qué. No hay manera de sacar una sola idea que se lo aclare. Todo parecía ir sobre ruedas. Perfecto a su parecer. Que todo iba bien.
Aquel día, no hace muchos de eso. Núria le dijo que necesitaba espacio, que quería tiempo para pensar sobre la relación. Que habían llegado a un punto quieto en el que se tenía que dejar o plantearse otra cosa. -¿A qué otra cosa se refiere? - Formula en voz alta con voz crispada.
Seguía teniendo ganas de ella y ahora se las comía a solas.
Necesitaba que le explicara aquello de plantearse otra cosa, ¿qué quería decir con eso? No lo acababa de coger.


- ¡Seré! - Un sonido que sale como alarido en medio del vacío.
Golpeando su puño con fuerza incontrolada en la pared del pasillo .
- ¡No!, me crispa los nervios.
- Pues estoy aviado si me pongo nervioso será peor.
- Calma.
Rumiaba incongruencias. Quería que le explicara. No podía soportar esa sensación de perderse algo. Más aún en su caso algo que le implicaba.
Llamó y no recibió respuesta. Ella al otro lado se mantenía en sus trece.
- ¡No hay quien las entienda! - gritó al aire.
No le podía dejar así. Escribió mensajes. No hubo respuestas. Busco encontrarse con ella. Le esquivaba. No había forma humana de encontrar un espacio con ella y poder entablar una conversación para que le explicara.


- No le des tantas vueltas. - Le había dicho Julián.
- No ves que ya no quiere nada contigo.
- ¡Cambia de rollo chaval!


Parecía tan fácil. Entre copa y copa la cosa se diluía pero ahora el impacto era mayúsculo. De bruces caía en ello.


Ayer pasó por casa Laura y no fui capaz de hacer frente a la realidad. Ella no sabe nada y yo no quise ponerla al corriente.
O quizás era una forma disimulada de saber cómo lo estoy llevando. Igual era la mensajera. Son tan raras. No hay quien se aclare con ellas. Hoy si y mañana si te he visto ni me acuerdo.
Estaba, yo, amuermado en el sofá tragándome lo que me echaran y sonó el timbre de abajo. Pensé, por un momento, que era ella; pero no, ella hubiera entrado con su propia llave. Aún así tuve un vuelco, me saltó la tapa del pecho.
Entró a casa como si nada, preguntando por Núria. Cobarde le dije que quizá tardaría en venir. Que ya sabía cómo es ella que nunca es tarde para volver.


Es cierto recuerda que últimamente estaba más sólo que la una. Apenas si se veían.
Remueve y poco a poco descubre que aquello que parecía ir sobre ruedas hacía tiempo había saltado por la cuneta.

Posted by lletraferida at 11:59:53 | Permalink | Comments (1) »

Monday, December 4, 2006

No era eso lo que le atraía.

- Escúchame, por favor.

- No me basta con que cada vez que te hablo me mires, intuyo que simplemente me contemplas y no me gusta.

- Veo esa mirada tuya de amor y deseo.

- Necesito que me tengas en cuenta, yo también pienso y aunque no sea tan magnífico ni tan maravilloso, poner mis ideas en palabras me sirve para reafirmarme en ellas o al contrario para cuestionarlas.

Juan intentaba entablar un dialogo con su amiga pero ésta no estaba para conversaciones, esperaba el momento para tocarlo y abrazarlo, el deseo hervía dentro de ella.

- No me escuchas, quieres hacer el favor de escucharme de una vez.

- Sí, ¿qué me estabas diciendo?

- Lo ves, te das cuenta, ni siquiera sabes de qué te estaba hablando.

Siempre ocurría lo mismo. Al principio se resistía al acercamiento pero después acababa cediendo a sus gestos y miradas.

Para ella era imposible establecer una relación física y psíquica a la vez.

De él sólo quería su cuerpo.

La mente, las ideas que por ella se movían le tenían sin cuidado.

La magia que ocurría cuando estaba a su lado era más que todos los discursos y palabras que pudieran argüirse.

Sabía que debía esperar pacientemente a que su amigo, su amante, se desahogara. Tenía que dejar que desgranara una a una toda esa retahíla de palabras, sabía que al final cedería y que llegado el momento sería el mejor de los amantes.

De que la gente se maravillara de sus textos, sus cuentos, bien les iba. Era un escritor de fama reconocida. A ella no se lo tenían que contar, tenía la fuente en casa.

No era eso lo que le atraía. Eran sus ojos ensimismados cuando le explicaba el próximo argumento. La mudanza de su piel en el momento del éxtasis amoroso. Esa cadencia en la frase tan característicamente suya. Ese mechón de pelo que buscaba ocultar una frente que empezaba a manifestar trazas gestuales que él quería ocultar y esa incipiente calvicie que le daba ese toque tan interesante que como en el buen vino favorece al hombre, el hombre carnal que ella deseaba. La coquetería de su paso al caminar, tan erguido y majestuoso en su porte. La manera de llevarse el bocado a los labios que más que comer parecía besar, que beso le daba si pudiera y no se contuviera en cualquier momento, más si era en un restaurante a la vista de todo el mundo.

Poco a poco la tarde daba paso a la noche y la música suave, de Nina Simone, susurraba creando un ambiente que obraba el milagro deseado. Una tetera humeante y unas velas encendidas. Resurgía de nuevo el amante acurrucado en sus brazos a la espera del momento ansiado con tanta intensidad a lo largo del día y que cuando lo pensaba excitaba los poros de su piel. Dicen que mariposas en el estómago. Ella diría que golondrinas revoloteando alrededor de su nido, volando.

 
 
Posted by lletraferida at 23:20:12 | Permalink | No Comments »

Abuelo, lolo o yayo

Sales de casa buscando un hombro en que apoyarte. Sigues tu camino y sin más cruzas la calle, un titubeo te detiene. El día apunta soleado. Te gustaría saber que alguien piensa por ti, que alguien te lleva en sus recuerdos. Se cerraron las puertas del alma y te sentiste sólo y abandonado. No hubo hijos, fue un matrimonio estéril. Ella se fue por delante. Viene esa chica emigrante a hacer las tareas que tu no puedes asumir. Es amable y muy cariñosa, pero tu no sientes que sea un cariño verdadero. Hechas de menos las caricias, incluso los reniegos de tu Maruchi. Piensas en ello y una lágrima se abre paso por las cuencas secas de tus ojos.
Seguir sin ilusión y aún así permaneces y cuidas este maltrecho cuerpo hasta la hora en que este camino te lleve al límite, tu final. Habrás pasado sin pena ni gloria por este valle de lágrimas. Vas al local del jubilado y miras a quienes tienen su pareja o son responsables de sus nietos. El brillo de sus ojos, cuando cuentan las travesuras de esas criaturas que dicen cada día son menos educadas, ya quisieras tú que te dijeran abuelo, lolo o yayo. Tienes envidia y te sientes acabado.
María, la asistenta, te ha dicho que está embarazada y que vendrán otras a sustituirla. Fantaseas pensando que esa semilla que germina es descendencia y cada día crece más y más la idea en tu mente. Empiezas a mirar escaparates pensando en aquellas cosas que le comprarás cuando venga María con él a casa. Te detienes frente a un escaparate iluminado por luces que se mueven anunciando la Navidad. Una sonrisa se dibuja en tu rostro. Nueva vida vendrá y tú de él te cuidarás.

Posted by lletraferida at 17:46:08 | Permalink | No Comments »